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Opinión

  • | 2016/06/25 09:37

    ¿Una paz de vencedores y vencidos?

    El problema no es ya la impunidad de los unos sino el exceso de iniciativa judicial frente a los otros.

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No digo que lo anunciado en Cuba no sea histórico. No digo que el acuerdo imperfecto que se hizo posible con una mezcla de perseverancia del presidente Santos, los negociadores correctos y el entorno internacional preciso, no se deba firmar. Digo, como millones de colombianos, que lo del "último día de la guerra" no es más que una bonita ilusión y que el camino para un país en verdadera paz todavía sigue siendo largo y azaroso.

Espero de corazón que las Farc cumplan por fin y tramiten por la vía democrática de aquí en adelante los pocos ideales que les fueron quedando desde cuando hace décadas decidieron tener un solo credo: el del narcotráfico. 

Si todo sale bien, el acuerdo final será firmado antes de dos meses y de aquí al "día D" tendrán que estar resueltas las más de 40 salvedades que quedaron de los puntos ya abordados y tendría que haber claridad con respecto a la justicia transicional y a la escogencia de los magistrados que compondrán el súper poderoso tribunal de paz.

Y es justo allí donde me quiero detener: si esta paz no se administra con grandeza, si los que creyeron en esta fórmula de La Habana se empeñan en restregársela a los escépticos para decir que los primeros ganaron y los segundos perdieron y si, con esos criterios revanchistas, se buscan magistrados que conformen ese tribunal, habremos tirado por la borda todo el esfuerzo con el que se pactó el resto de puntos. 

Porque la clave para que este intento de paz sea estable y duradero no está en la elemental entrega de armas o en la convivencia de las zonas veredales, o en las curules especiales o en los procesos de verdad y reparación a las víctimas que mal que bien el Estado terminará asumiendo. Una mala aplicación de la justicia transicional, en cambio, puede terminar tirando al traste todo y prolongando el conflicto por la vía judicial.

Lo diré con franqueza: en este punto el problema no es ya la impunidad de los unos sino el exceso de iniciativa judicial frente a los otros. ¡O se llora por los dos ojos o no se llora por ninguno! pero temo que quienes se están preparando para asumir funciones de magistrados del tribunal de paz, porque así lo dicen en los corrillos, sean unos personajes con suficientes credenciales pero también con marcados sesgos que lleguen a imponer su verdad histórica y a ajusticiar a unos pero a hacerse los locos frente a los otros. 

Temo además, que los buenos y ponderados no quieran meterse en este chicharrón y que le cedan el espacio a los que hoy claman desde las salas de justicia y paz porque las empresas que fueron extorsionadas asuman una responsabilidad jurídica como cómplices de los victimarios o que terminen tomándose ese tribunal los que a punta de análisis de contexto y sin más pruebas que un par de inferencias hoy piden condenas casi perpetuas contra sus investigados. 

Porque lo cierto es que, con un tribunal que puede darse su propio reglamento y que tiene un amplísimo poder discrecional incluso para revivir casos ya resueltos por la justicia ordinaria, cualquier paz se vuelve frágil y depende de los caprichos y preferencias ideológicas de quienes se pongan esas togas.

Ojalá no se equivoquen en ese asunto crucial. Ojalá el anuncio que debe darse en cuestión de días sobre este tema le genere confianza no a las Farc ni al gobierno sino a toda la sociedad.  

Quienes sacaron adelante este proceso de paz sin los críticos y los escépticos -e incluso en contra de ellos-, necesitarán ahora más que nunca que uribistas y descreídos hagan parte de un ‘posacuerdo‘ respetuoso de las diferencias y profundamente equilibrado en la aplicación de la justicia transicional. 

¡Esta no puede ser una paz de vencedores y vencidos!

Twitter: @JoseMAcevedo

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