Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2015/08/08 12:37

Credibilidad

¿Cómo puede un presidente que no genera confianza en sí mismo, inspirar optimismo frente al difícil proceso de paz?

José Manuel Acevedo M.

En el partido de su vida, Juan Manuel Santos le ha transmitido a la gente la sensación de que el primer tiempo se ha vuelto demasiado largo y si los espectadores no se fueron del estadio el año pasado, después de las elecciones, fue por no perder su platica pero no porque les produjera esperanza o emoción lo que vendría en el futuro. Casi nadie es consciente de que ya estamos jugando el segundo tiempo, precisamente por lo predecible y poco emocionante que se ha vuelto este juego. Sus espectadores, todos los colombianos, no ven acción ni audacia y piensan que el balón sigue sin traspasar el lado más obvio de su cancha. La gente tiene la impresión de que el compromiso se puso aburridor, soso y, lo que es peor, el público, inclusive los más hinchas de esta apuesta por la paz, perdieron la fe en el que tendría que ser su más avezado delantero.

Dicen sus amigos que el partido se acaba a los 90 minutos y que aún le faltan varios más por jugar. Hablan de un momento de desanimo que pronto cambiará, apenas los pases se pongan más emocionantes y haya tiros al arco que puedan convertirse en goles. Pero la ‘fotografía del instante’, como le dicen a las encuestas, se está repitiendo mucho a lo largo de todo el rollo y cuando llegue el momento del gol pueda que a la gente le de lo mismo que lo meta o que no.

Ese es el mayor problema de Juan Manuel Santos, cinco años después de su primera posesión: que la gente ya no le cree y no le tiene fe.

Será muy complicado que los colombianos cambiemos de parecer si la actual administración sigue errática en la forma en que se comunica y si quienes deberían ser sus coequiperos están jugando un partido distinto o incluso pueden terminar metiéndole un autogol.

La falta de coherencia en la transmisión de los mensajes fundamentales ha sido una constante. El gobierno tarda mucho en reaccionar frente a sucesos vitales del transcurrir de la nación y con respecto a las FARC y a la oposición siempre parece a la defensiva esperando que alguno de los dos le planteen la jugada para ver cómo les responde.

Es grave cuando un presidente se dedica a atajar goles pero no se atreve él mismo a meter ninguno y eso le está pasando a Juan Manuel Santos cuyo intento más original para acercarse a los colombianos es organizar un encuentro tuitero que pasó al olvido en cuestión de horas.

Por culpa de esa falta de credibilidad ya estructural, con frecuencia los colombianos pierden de vista que no todo en el panorama es tan malo: que se han logrado avances en construcción de vivienda social e infraestructura y que en educación estamos presenciando una interesante revolución con los programas de becas para los pobres más pilos.

Pero no. El liderazgo de Santos sigue siendo muy débil y dormir con el enemigo le ha pasado factura. Y no lo digo por Tutina sino por Germán Vargas Lleras, que para empezar ni le habla a la ministra consejera de comunicaciones y cada vez funciona más como rueda suelta en un gobierno urgido por un engranaje sincronizado.

Credibilidad es lo que le falta a Santos y aunque parezca ya demasiado tarde para reconstruir los cimientos de la fe en su gobierno, esa debería ser la tarea prioritaria del primer mandatario. ¿Cómo puede un presidente que no genera confianza en sí mismo, inspirar optimismo frente al difícil proceso de paz? He ahí la cuestión.

Twitter: @JoseMAcevedo

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