Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2016/09/17 11:18

El presidente desafiante

Santos está dedicado a la provocación en momentos en que debería tener un tono propositivo y conciliador. ¿La paz todo lo vale?

José Manuel Acevedo. Foto: Semana.com

Lo he dicho y lo repito: el Sí ganará con una ventaja suficiente el próximo 2 de octubre. El acuerdo con las FARC se aprobará, los efectos del llamado ‘acto legislativo por la paz’ se activarán y los colombianos tendremos que lidiar con el inmenso reto de implementar un pacto político con fuerza constitucional que será tan ambicioso como difícil de cumplir.

Si ello nos resulta tan claro a analistas, al gobierno e incluso a la misma oposición, no entiendo por qué el presidente está dedicado a la provocación en momentos en que debería tener un tono propositivo y conciliador. ¿No debería estar el primer mandatario obsesionado con explicar el acuerdo e insistir en sus puntos más positivos sin pararle tantas bolas a sus contradictores? ¿Si el plebiscito huele a triunfo para el Ejecutivo, no tendría que ser ésta la oportunidad de hablar de reconciliación y tender la mano generosa a los del No, así sea de dientes para afuera para mostrar su magnanimidad y ganar puntos extra frente a la comunidad internacional?

Por el contrario, el primer mandatario se ha embelesado con expresiones provocadoras y está utilizando escenarios y temas que no corresponden para hacer política electoral a favor del Sí en el plebiscito.

Y es que desde cuando aseguró que “el presidente podía hacer la pregunta que le diera la gana”, cada día Santos nos sorprende con una nueva salida en falso que definitivamente no le luce sobre todo cuando está a tan pocas semanas de recibir su premio Nobel de paz.

En los últimos días dijo mientras estaba en el Chocó que “votar Sí a la paz permitirá construir más viviendas, más acueductos y más colegios”, al tiempo que hacía entrega de decenas de casas gratuitas y cortaba la cinta de un acueducto ampliado en esa ciudad. ¿Cómo hablar entonces de garantías y de transparencia cuando los del Sí pueden inaugurar obras públicas pidiendo votos y los del No carecen de acceso a la chequera estatal?

A la mañana siguiente, en un encuentro con alcaldes, Santos les dijo que hicieran campaña con tranquilidad, “sobre todo ahora que uno de los que intimidaba ya no estaba”. ¿No es ese también un innecesario desafío al orden institucional y a los organismos de control más allá del controvertido personaje que es Alejandro Ordóñez?

Pero este presidente desafiante, no se detuvo allí y terminó la semana con una frase campeona. Dijo Santos en Barranquilla que “en la vida política el amor se expresa de la novia hacia acá con votos y de aquí hacia allá con presupuesto de inversiones”… ¿Y si los votos no llegan entonces tampoco llegará la inversión a las regiones y municipios que osen decir No, señor presidente?

Definitivamente este no es el mejor preámbulo de una paz estable y duradera y de hecho se convierte en un pésimo presagio para un presidente que desde el 3 de octubre tendrá facultades especiales para tomar unilateral y autónomamente algunas decisiones trascendentales.

Me pregunto dónde están los políticos independientes como Claudia López o Jorge Robledo o Antonio Navarro que creen en la paz pero que deberían estar censurando el tono y el estilo que se han impuesto en las últimas semanas para ganarse los votos del Sí. ¿Están de acuerdo con esta forma de hacer política? ¿Será que la paz todo lo vale?... Así no, señor presidente. Así no.

* Twitter: @JoseMAcevedo

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