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Opinión

  • | 2015/06/13 11:00

    ¿En qué pierde su tiempo un magistrado?

    Nuestros magistrados dilapidan una parte sustancial de su tiempo haciendo política dentro de sus tribunales.

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¿Cuántas veces habremos oído a jueces y magistrados decir que no les alcanza el tiempo para cumplir con sus funciones, que sus despachos están congestionados y que necesitan personal extra para que los ayuden a evacuar sus procesos?

Según las cifras del Consejo Superior de la Judicatura, entre más escalan los casos y llegan a conocimiento de los órganos de cierre, todo se vuelve más lento. Así, un proceso puede durar unos cuantos meses en la primera instancia pero se prolonga por años en la segunda o mientras se tramita un recurso extraordinario ante la Corte Suprema. La revisión de una tutela en la Corte Constitucional también toma un tiempo considerable.

Pero ¿por qué no les rinde el tiempo a los honorables magistrados del Consejo de Estado, la Corte Suprema y la Constitucional?

Déjenme mostrarles algunas estadísticas y aventurar una explicación:

Aunque es verdad que hay magistrados excepcionales que trabajan más de 8 horas al día, existen otros a los que no se les ve sino una o dos veces por semana en sus oficinas y casi nunca los viernes, por ejemplo. En el mejor de los casos, algunos justifican sus ausencias por las clases que dictan y que los hacen viajar desde el jueves a otras ciudades para cumplir con ese oficio académico.

Las entretenciones, sin embargo, no están sólo por fuera de sus despachos. Aún acudiendo juiciosamente a todas las sesiones a las que los convocan, nuestros magistrados dilapidan una parte sustancial de su tiempo en funciones ajenas a la esencia de la administración pronta y efectiva de justicia.

Miren nada más lo que pasa en el Consejo de Estado: llenar una vacante allí les toma a los magistrados que conforman ese alto tribunal alrededor de 100 rondas de votaciones y más de 6 meses en promedio.

En los últimos años suplir un solo cupo en la sección tercera le llevó al Consejo de Estado 148 rondas y 7 meses. Todas esas votaciones se realizaron en 10 sesiones y si cada sesión dura un promedio de 3 horas, como en efecto ocurre, es posible decir que en un día ‘electoral’ en el Consejo de Estado, un magistrado gasta el 40 por ciento de su tiempo haciendo componendas para elegir a un amigo o a un recomendado o para bloquear la selección de un malqueriente.

Lo del Consejo de Estado es verdaderamente calamitoso y cada día se pone peor: hay dos vacantes en la sección tercera y quinta que llevan más de un año sin un magistrado titular en propiedad y tres más que rondan los 7 meses sin que los consejeros de estado se pongan de acuerdo sobre quién debe reemplazar a los colegas que se fueron. En las próximas semanas 5 cupos adicionales quedarán libres por el vencimiento del periodo constitucional de los magistrados y el máximo órgano de la justicia contencioso administrativa literalmente colapsará.

Pero si por esos lados llueve por los de la Corte Suprema y la Constitucional no escampa. Recordemos que a la primera le tomó un año y medio elegir fiscal entre 2009 y 2011 y siguen demorándose mucho para elegir magistrados.

Entretanto, en la Constitucional, por cuenta del ‘Preteltgate’, sólo en el mes de marzo se gastaron 6 sesiones (algunas de 5 horas seguidas) tratando de discutir qué hacer con la peor crisis en la historia de la corte guardiana de la Constitución. Al final todo quedó en esencia como estaba. El tiempo perdido no lo repone nadie y la legitimidad de ese tribunal tampoco.
 
Así pues nuestros magistrados andan entretenidos en estas funciones electorales que seguirán ahí porque el ‘equilibrio de poderes’ sólo resolvió en parte el problema quitándoles otras distracciones como las ternas para contralor pero mientras estos señores jueguen con la camiseta de políticos y no de jueces, a nuestros magistrados no les rendirá nunca el tiempo y seguirán buscando el ahogado río arriba sin reconocer que las desgracias del aparato de justicia se deben en buena parte a ellos mismos.

Twitter: @JoseMAcevedo 
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