Viernes, 20 de enero de 2017

| 2016/07/15 18:52

Un debate Uribe-Santos

Sería más factible y útil un debate público entre el Jefe de Estado y el líder de la oposición, que un in-fértil e imposible encuentro privado.

José Manuel Acevedo (*)

No insistan más. A Álvaro Uribe y a Juan Manuel Santos ya no hay forma de volverlos a juntar. Las heridas personales, incluso más que las diferencias políticas, son hondas y están más abiertas que nunca. Haber traspasado ciertas fronteras y cruzado los cables de la política y la familia, sumado todo ello a la presencia de personajes tóxicos de lado y lado hacen impensable cualquier acercamiento en la coyuntura actual.

Todos lo intentaron y ninguno lo logró. Desde Belisario Betancur, pasando por Antanas Mockus, Néstor Humberto Martínez, Angelino Garzón y más recientemente el ex secretario de las Naciones Unidas Koffi Annan, hicieron cuanto estaba a su alcance y fallaron en cada envión. Sus esposas Lina María y María Clemencia se han visto en dos ocasiones en estos largos y duros años, una vez en Medellín y otra en Bogotá, y aunque han sostenido francas, abiertas y civilizadas conversaciones tampoco han logrado puntos de encuentro que les permitan remontar siquiera algunas diferencias.

La verdad es que Uribe y Santos, sus talantes, su estilo y sus entornos familiares nada tienen que ver y aunque Álvaro Gómez diría que, aún en medio de las diferencias, vale la pena apostarle a un acuerdo sobre lo fundamental, entre el expresidente antioqueño y el bogotano presidente no hay manera de encontrar un entendimiento ya.

La habilidosa carta de Santos no era precisamente un mensaje sincero y de corazón para Uribe sino una planeada misiva para la galería nacional y la vasta audiencia internacional. Una constancia más, un gesto de ‘magnanimidad’, un paso adelante en la búsqueda de un premio nobel que está por llegar. 

Por su parte, la respuesta del exmandatario que no consultó con nadie pues varios de sus escuderos me confesaron que lo intentaron llamar y escribir sin obtener respuesta alguna, resultó bastante previsible. Desprovista de propuestas concretas y sin ningún efecto táctico frente a la estratégica invitación presidencial, Uribe expuso un punto central que, sin embargo, resulta comprensible: ¿para qué hablar cuando todo está resuelto y ninguna de sus sugerencias será tenida en cuenta en el muy avanzado proceso de paz?

Si no hay puentes que conecten el profundo abismo que separa al gobierno de la oposición, no tiene sentido botarle más corriente a un canapé republicano que, en cualquier caso, no produciría resultados significativos en el propósito de lograr una reconciliación nacional.

Sería más factible y más útil, en cambio, un debate público entre el Jefe de Estado y el líder de la oposición que un infértil e imposible encuentro privado. Un cara a cara en el que ambos líderes que representan las dos mitades en las que está dividida Colombia puedan desplegar sus mejores herramientas dialécticas, expresar sus reparos, plantear escenarios a futuro, explicar sus tesis sin límite de tiempo en un encuentro que bien pudiera darse a instancias del Congreso de la República y que debería ser transmitido simultáneamente en internet, televisión y radio nacional.

Aunque este tipo de discusiones resulten más propias de los regímenes parlamentarios, por una vez y dada la circunstancia histórica por la que estamos atravesando deberíamos pedirles a los dos dirigentes políticos que acepten un debate de cara a la comunidad y que nos permitan a los colombianos llegar a los urnas en el plebiscito por la paz con un voto informado o abstenernos de hacerlo con plena conciencia de lo que ello significa, después de oír sus intervenciones.

Uribe y Santos: acepten un debate nacional que los mida por sus ideas y argumentos, con garantías y equilibrio, y que nos demuestre que aún las más duras confrontaciones de aquí en adelante serán a punta de labia y no de bala.

Mejor que una foto de los dos estrechándose falsamente la mano es esta disputa discursiva a la que ojalá se le midieran.

*Twitter: @JoseMAcevedo

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