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Opinión

  • | 2016/12/23 14:13

    ¿A qué horas refundimos los papeles?

    Políticos posando de juristas y jueces bregando a hacer política con sus sentencias. Colombia: el país de los papeles refundidos.

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De los cinco o seis años que nos gastamos firmando la paz con las Farc, yo calculo que unos tres o cuatro se fueron buscando fórmulas jurídicas, incisos, convenios internacionales, leyes, actos legislativos y bloques de constitucionalidad dizque para ‘blindar‘ un proceso que era eminentemente político.

Ninguno de los líos por los que tuvo que navegar el acuerdo en su construcción, refrendación y ahora implementación fueron gratuitos o siquiera promovidos por la oposición. Las Farc, sus asesores y los políticos amigos del proceso, terminaron enredándose solitos en una maraña legalista de la cual sólo podían salir a punta de audacias jurídicas y poniendo a los jueces a hacer política para enmendar rápidamente el camino. Lo que mal comienza mal termina y el saldo con el que cerramos este semestre no podía ser peor para la democracia y las instituciones colombianas: políticos posando de juristas y jueces haciendo política con sus sentencias.

Y es que de malabares de todo tipo está tristemente tapizado el camino hacia la paz. Una Corte Constitucional confiriéndole más poder al Congreso que al pueblo para salvar el "frágil cese al fuego" y un Consejo de Estado interpretando la psicología del votante, haciendo análisis de marketing político, probando lo fácticamente imposible de probar y adentrándose en terrenos que no han sido ni podrían ser los suyos.

Nunca un auto de admisión de una demanda como el que hizo la consejera de Estado Lucy Bermudez había dicho tanto para terminar decidiendo nada. Sí pero no. "Hubo engaño y manipulación a toda vista"... pero no podían suspenderse los resultados de la votación. "Fue la peor estafa en la historia electoral de Colombia"... pero no tanto como para autorizar una medida cautelar de protección. ¡Qué es esto por Dios!

¿Tanta incoherencia junta en más de 100 páginas indignas del máximo órgano de la jurisdicción contenciosa, no debería hacernos cuestionar la clase de magistrados que hoy administran justicia en el país?

Tan absurda y por fuera de todo límite razonable fue la decisión de la magistrada, que periódicos, columnistas y académicos que nada tienen que ver con el uribismo rechazaron tajantemente semejante intervención: lo hizo El Espectador en su editorial, Pascual Gaviria en su reciente columna o Moises Wasserman a través de un brillante trino -como todos los suyos- en el que sentenció: "Me seguirán dando coscorrones, pero soy de los anticuados que creen que los resultados de una votación no pueden ser ‘editados‘ ".

Entretanto, por los lados de la Corte Constitucional esta es la hora en que ni los propios magistrados que hicieron mayoría interpretan uniformemente el sentido de su decisión. Fast-track sí, refrendación del Congreso también, facultades especiales -sin modulación- igual... ¿pero cómo, si no con magia, darle vida a tanto esperpento junto? Por eso la magistrada Calle nunca pudo dar pie con bola en las entrevistas; por eso varios de los salvamentos parciales eran más bien salvamentos totales solo que a más de un magistrado le faltó coraje para fallar pensando en la historia y no en la calentura.

A falta de magistrados, buenos son los políticos que desde el ahora todopoderoso Congreso de la República no sólo dictan leyes sino que también las interpretan y les hacen su propio control caprichoso de constitucionalidad. Así se perdieron los libretos en Colombia a cambio de una ilusión de paz que todavía está lejos de ser paz y que a punta de la más burda alquimia quieren hacerla parecer como tal.

Y a propósito, ¿para cuándo la concentración de los lideres de las Farc que siguen paseándose por el Congreso, de ida y venida desde La Habana hacia Bogotá y firmando libros de condolencia en la Embajada Rusa? ¿Alguna vez don Timochenko y don Iván, pisarán las tales zonas de normalización donde deberían, siquiera por apariencia, estar?


Twitter @JoseMAcevedo

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