Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/09/24 10:52

¡Mentirosos, mentirosos, mentirosos!

La política en Colombia y en todo el mundo se volvió el arte de decir mentiras y hacer que muchos las crean. Esta campaña del plebiscito, así lo ratificó.

José Manuel Acevedo. Foto: Semana.com

Eso fue lo que le dijo el expresidente César Gaviria a Álvaro Uribe y a sus seguidores en la campaña presidencial de 2014. La exaltada repetición en plena plaza pública agitó el ambiente político, provocó respuestas de los simpatizantes de Óscar Iván Zuluaga y quedó inscrita en la memoria de un buen número de colombianos que se dijeron a sí mismos: "Gaviria tiene razón". Y la tiene; solo que le faltó mirar para adentro y darse cuenta que entre los suyos, un buen número de políticos santistas, liberales o de la U son igualitos: unos mentirosos, mentirosos, mentirosos de profesión.

Y es que la política en Colombia y en todo el mundo se volvió el arte de decir mentiras y hacer que muchos las crean. Esta campaña del plebiscito, así lo ratificó.

A punta de engaños y exageraciones y con el más poderoso y dañino canal de comunicación de nuestros tiempos que son las redes sociales, los del Sí y los del No se dedicaron a apostarle al miedo, a la contradicción y a la confusión como armas de campaña.

Los pocos que intentaron proponer debates razonados y profundos perecieron en su intento y quedaron desplazados por consignas efectistas que ahogaron las voces de los moderados.

Ninguna de las dos campañas se salvó. La del No usó el WhatsApp para difundir una supuesta ley ‘Roy Barreras‘ que le descontaría a los pensionados progresivamente un porcentaje dizque para sostener el posconflicto. Todo, por supuesto, era falso.

El mismo WhatsApp sirvió para reenviar en cadena un video descontextualizado de la senadora Claudia López criticando el "acuerdo" sin advertir que no se refería al texto final logrado entre el gobierno y las FARC sino que hacía alusión a un viejo anuncio alrededor del blindaje jurídico que tendría lo pactado con la guerrilla y que en su momento ofuscó a la parlamentaria. El dichoso video que supuestamente demostraba que el acuerdo era tan malo que hasta la misma Claudia López lo rechazaba, me llegó unas diez veces enviado por gente que se supone educada y que caía sin compasión ante la tremenda desinformación con la que se adelantó esta campaña.

Ni qué decir de las veces que en Twitter reprodujeron montajes de carteles de Mockus, Juanes o Catherine Ibargüen que en sus fotografías originales apoyaban el Sí y que por cuenta de los más burdos programas de edición terminaron haciéndole campaña al No.

Pero si por allá llovió por los otros lados tampoco escampó. Si los del Sí vendieran un producto cualquiera, sus comerciales de televisión ya habrían sido retirados del aire por publicidad engañosa y sus promotores sancionados duramente por el implacable superintendente de industria y comercio Pablo Felipe Robledo.

Así como está prohibido que uno diga que con una crema se terminarán las arrugas en su totalidad, tampoco puede decirle a los colombianos impunemente que "con el acuerdo se acabará la extorsión, la minería ilegal o el reclutamiento de menores" de manera determinante y absoluta como versa la publicidad aquella. Eso, me perdonan, es engaño al elector, solo que para estas cosas no hay superintendentes Robledos que valgan porque aquí, recuérdenlo ustedes, el presidente "hace lo que le da la gana".

También, vía Twitter y en sus intervenciones públicas, los defensores del Sí se regodearon comparando el proceso de los paras con el de las FARC. Dijeron que nunca les preguntaron a los colombianos en las urnas si estaban de acuerdo con lo pactado y que los miembros de las autodefensas no fueron obligados a reparar a sus víctimas ni a decir la verdad completa como sí ocurrirá con la guerrilla. Lo que obviaron convenientemente contar es que ninguno de esos paracos hoy pueden ser elegidos, ni para miembros de la junta de acción comunal y que la mayoría de ellos están en cárceles con barrotes o que sus secuaces vestidos de Everfit terminaron también en prisión por esos vínculos. ¡Verdades a medias que a veces terminan siendo unas mentiras completas fue lo que hubo de sobra en esta bendita campaña que en buena hora se termina!

La lista de ‘mentiritas‘ y ‘mentirotas‘ de lado y lado es inagotable pero el espacio de esta columna no. Por eso cierro esta reflexión invitándolos a votar bien y a conciencia más allá de los engaños que los políticos se encargaron de repartir a diestra y siniestra en la antesala del plebiscito. Y, si aún no tiene decidido su voto, entre a www.yovotoinformado.com y encuentre 24 preguntas objetivas que al responderlas le ayudarán a definir de qué lado está.

* Twitter: @JoseMAcevedo

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