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Opinión

  • | 2016/04/16 10:11

    Si no nos oye a nosotros, que los oiga a ellos

    El presidente Santos tiembla frente a la opinión internacional pero desatiende las mismas críticas cuando se hacen fronteras adentro.

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Ni el presidente ni las Farc terminan de sintonizarse con la opinión pública nacional. Queda siempre la impresión de que las críticas sólo son tenidas en cuenta por la Casa de Nariño cuando es un gobierno extranjero el que las plantea o cuando aparece una nota en un medio periodístico internacional o cuando una organización multilateral prende las alertas.

Para la muestra varios botones: el gobierno no introdujo criterios técnicos, de estabilidad e independencia necesarios desde hace tiempo en las superintendencias sino hasta que la OCDE se lo planteó como exigencia para entrar en ese selecto club, y le haría el quite a la reforma tributaria ‘estructural‘ de no ser porque de ello depende la confianza inversionista y así se lo han hecho saber desde todas las tribunas internacionales al ministro de Hacienda .

Pero donde más ha habido necedad presidencial es en los temas que tienen que ver con el crecimiento de cultivos ilícitos y con la plata de las Farc. Aunque académicos tan serios como el actual secretario de seguridad de Bogotá Daniel Mejía venían hablando, desde cuando se selló el acuerdo sobre narcotráfico en La Habana, de los excedentes económicos de las FARC, poca atención le prestaron desde el gobierno y cuando medios como Noticias RCN comenzaron a ‘jalar’ la pita de la plata escondida de la guerrilla en Venezuela y Costa Rica, también minimizaron sus denuncias. Solo fue en el momento en que The Economist habló del asunto cuando Santos por fin decidió encarar públicamente el tema aunque sus respuestas hayan sido, como de costumbre, erráticas.

Primero dijo en Medellín que él sí creía que las Farc debían tener dinero escondido. Horas después desmintió que el gobierno tuviera conocimiento sobre los montos y los lugares donde pueden encontrarse los jugosos recursos.

El presidente sostiene que desde cuando fue ministro de defensa intentó rastrear la plata de las FARC con ayuda de los suizos y los gringos y de otras agencias de inteligencia del mundo y que nunca fue capaz de encontrar nada. Sin embargo, en reuniones más confidenciales de las Fuerzas Militares con expertos como Douglas Farah que visitó hace unos meses a la cúpula del Ejército, se habló de Venezuela -y más concretamente de PDVSA- así como de Nicaragua como escenarios de las operaciones financieras y de inversiones cuantiosas de la FARC a través de sofisticados testaferratos.

Santos tampoco oyó las voces internas que le advirtieron que hacerle la concesión a las FARC de suspender las fumigaciones con glifosato le saldría caro en términos del crecimiento y control de los cultivos ilícitos que efectivamente están disparados. Revisar la aspersión aérea era una cosa pero cancelar el uso del químico inclusive en tierra implicaba bajar innecesariamente la guardia frente al narcotráfico y hasta allá llegó el gobierno contra todas las voces de los críticos que vaticinaban el alto precio de su error.

Ahora, según contó Jorge Espinosa en su columna de El Espectador, el gobierno contempla la posibilidad de volver a usar el glifosato y detrás de ese cambio de parecer estarían también agencias de seguridad gringas que le hicieron saber al Ejecutivo colombiano su preocupación por el aumento en las áreas de cultivos ilícitos y lo han alentado para que se reinicie el uso del glifosato.

Si el presidente no nos oye a los colombianos, que oiga entonces las preocupaciones aterradas de personajes e instituciones del mundo que le abren los ojos frente a lo que aquí ya se ha dicho y que en su momento ha sido subvalorado en Palacio por este gobierno aislado del sentir nacional.

El presidente se volvió sordo a las observaciones y críticas locales. No me extraña que también en el ‘reversazo’ con la licencia de exploración petrolera en la Macarena haya intervenido algún líder mundial de esos que le fascinan a Santos como el príncipe Carlos, para decirle lo obvio: que con los pocos recursos ambientales que le quedan a Colombia no se juega como hicieron la ANLA y su también desconectado ministro de ambiente.

Si no nos oye a nosotros que, por lo menos, oiga las voces que vienen de afuera. 

Twitter: @JoseMAcevedo

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