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Opinión

  • | 2016/12/17 10:51

    Las formas

    Nos acostumbramos a decirlo todo de cualquier manera y así nos fuimos atropellando. Tendremos que subirle el tono moral al debate público.

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Lo que importa es el fondo, decimos a diario en cualquier discusión. Con esa justificación nos fuimos permitiendo traspasar los límites de la irreverencia y llegar a la grosería, confundir la provocación con el insulto y reemplazar paulatinamente el lenguaje propio del debate de altura por uno de alcantarilla que se nos antoja normal. Pasa en los medios, pasa en la política, pasa en la academia. Es el trino que se pone, la frase efectista deliberada y cargada de adjetivos que llama la atención o simplemente la expresión más vulgar que garantiza la aparición en radio o en prensa escrita la mañana siguiente. Lo que sea con tal de figurar.

Lo peor es que, si se acusan esas malas maneras, si se intenta por un momento reivindicar la forma y pedir tan solo un poco de respeto, uno termina lapidado o porque está chapado a la antigua o porque quiere constreñir la sagrada libertad de expresión.

La pugnacidad política en Colombia y el mundo, y la confusión entre lo que es ser franco y directo con ser ruin y burdo, nos ha llevado a bajar la vara demasiado. Por eso cuando supimos que la Universidad de los Andes había despedido a la profesora Carolina Sanín, que en cada debate invocaba expresiones absurdas para referirse a sus contradictores, dijimos de nuevo: “lo que importa es el fondo”.

Ciertamente sus denuncias y debates, por ejemplo, sobre la manera en que las universidades privadas están recibiendo cuantiosos fondos públicos merecen un intercambio de argumentos serio que quizás estemos en mora de dar. Sin embargo, todo ello tendría que afirmarse categóricamente pero de mejor manera. ¿Cómo podría pedirle respeto Sanín a sus pupilos cuando ella atropellaba con sus palabras a quien simplemente no le caía bien y cuando denigraba inapropiadamente del centro educativo en el que trabajaba? ¿Es esa la clase de debates que queremos que den los académicos de nuestro país?... Y entonces, cuando la Universidad intenta tomar las medidas que le corresponden, la solidaridad con los que “hablan fuerte”, no importa si ofenden o matonean, (¡o mejor si lo hacen!), aparece en las redes sociales simplificando los debates que deberían tener tanto de fondo como de forma.

Al mismo tiempo, en otro lugar del mundo, Uribe y Santos se encuentran con el Papa. Aunque al parecer Roy Barreras tenía expectativas más altas, la mayoría no esperábamos ni por un segundo que salieran cogidos de la mano o que se dieran un triple abrazo de paz. Para que el encuentro hubiera valido realmente la pena, bastaba con que se diera un mínimo consenso para respetarse, para imprimirle un enfoque distinto y mejor a la discusión pública que desde hace rato hace falta y que nos hiciera creer que aún en medio de las más hondas diferencias, es posible tramitar con civilidad y altura en la discusión aquello que más nos divide.

No sé si Santos y Uribe se devuelvan con esa reflexión, pero si de ese encuentro quedara por lo menos la necesidad consciente de un tono moral diferente para el debate público o si, a propósito de esa reunión en el Vaticano, los colombianos pudiéramos exigirles a nuestros dirigentes que mejore la calidad de la discusión, este asunto de las formas que hoy está tan devaluado ayudaría mucho a que la esencia gane valor y a que crezcamos como sociedad, diciéndonos de todo, pero bien dicho.

Pidamos en esta navidad a nuestros líderes de opinión, a nuestros profesores, periodistas y políticos que volvamos a las buenas formas para que las ideas y los argumentos esenciales no se pierdan por cuenta de los innecesarios insultos. No nos acostumbremos a que esta manera en que hablamos entre nosotros es normal, porque lo cierto es que no lo es. El lenguaje también es constructor de paz. O de guerra. ¡Escojamos!

 

Twitter: @JoseMAcevedo

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