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Opinión

  • | 2016/11/26 22:00

    Vargas Lleras: ¡hora de definirse!

    Ya no vale estar en el gobierno para unas cosas y por fuera de él para otras. Al vicepresidente le llegó la hora de tomar decisiones.

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No sé qué tan estable y duradero resultará el ‘acuerdo del Colón’ –como lo bautizó el presidente Santos– pero de lo que sí estoy seguro es que la firma del nuevo pacto entre el gobierno y las Farc se convirtió en la largada oficial de la campaña de 2018. La propia guerrilla habló de inmediato de la importancia de un gobierno de transición y de acompañar una candidatura que represente la consolidación de los frágiles acuerdos. ¿Será De La Calle el indicado? ¿Será acaso Piedad?

Los uribistas, por su parte, le apostarán a mantenerse vigentes en los próximos meses a través de una estrategia de recolección de firmas para un referendo que saben que difícilmente tendrá lugar por la oposición del Congreso y de la Corte Constitucional pero que les significará la posibilidad de recorrer el país con la promesa de enderezar el camino y en ese escenario sus consignas no perderán actualidad.

Gustavo Petro insistirá en que la paz de Santos fracasó y dirá que no es la que el país necesita. Robledo y Fajardo, se intentarán meter por el camino de la mitad y, si tienen suerte, le venderán al país la idea de que llegó el momento de superar la ecuación Uribe-Santos-Farc e intentarán desviar la mirada a otros temas como la lucha anticorrupción o la educación.

Alejandro Ordóñez y Marta Lucía Ramírez apelarán al país conservador –que el 2 de octubre se dejó contar y resultó reflejado en millones de votos– y tendrán el desafío de encontrar elementos que les diferencien del uribismo para poder tener identidad propia en campaña así en una segunda vuelta terminen unidos y revueltos todos.

Visto el panorama de esta forma la pregunta es ¿dónde queda Germán Vargas Lleras? ¿Seguirá en el gobierno hasta marzo cuando tenga el deber legal de renunciar para no quedar inhabilitado o se irá antes para no ser asociado con los dos peores años del gobierno Santos, que sin duda serán estos últimos?

Hasta el 2 de octubre la estrategia de tener un pie aquí y otro allá le había resultado al vicepresidente. En caso de que el Sí hubiera ganado, Vargas se habría congraciado con las mayorías, apoyando el acuerdo en términos generales, pero sus salvedades y su promesa de no dejar pasar de ahí a las Farc le hubiera significado apoyo y simpatía entre la otra mitad del país. Era el mejor de los mundos para él. Sin embargo, el sorpresivo resultado lo dejó ‘descolocado’ y los sucesos posteriores y la imposibilidad de un verdadero acuerdo nacional le obligan a tomar posiciones más nítidas.

A Vargas ya no le sirven ni su silencio estratégico, ni sus críticas a medias al nuevo acuerdo o a la reforma tributaria mientras permanece en el gobierno. Todo el provecho electoral que pudo obtener de las carteras de vivienda y transporte ya lo consiguió y de aquí para adelante no quedan muchas cintas que cortar porque los resultados de su labor gerencial y ejecutiva no se verán antes de 5 años.

Con la economía en desplome y un país que no logró ponerse de acuerdo alrededor de la paz, a Vargas le corresponde definirse. No estar aquí ni allá, no ser ni chicha ni limoná es la peor idea para un vicepresidente que ha sido hábil durante los últimos años pero que necesita todavía más audacia en esta recta final.

A Vargas le llegó el momento de renunciar. Dejar al presidente ya sin dar la imperdonable sensación de traición que el electorado suele cobrar muy duro, será el reto fundamental. Si bien es cierto que el vicepresidente quiere apostarle a una campaña corta pero intensa, desmarcarse de a poquitos en un momento tan crítico como éste no parece una buena estrategia. Es la hora para decir: ¡misión cumplida!, para tomarse un tiempo prudencial y cambiarse la camiseta sin entrar en contradicción directa e inmediata con su exjefe y volver con ambos pies puestos en un solo lugar a un tablero que no está resuelto y en el que tendrá que ganarse un espacio enfrentando rivales muy fuertes y realidades todavía muy inciertas.

Tomarse más tiempo para las grandes decisiones perjudica a Vargas Lleras más que a ninguno. Por eso al vicepresidente, ¡le llegó sin duda el turno de las definiciones!


Twitter: @JoseMAcevedo

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