Ahora entiendo que cuando el prócer Leonidas Bustos aseguraba que “la justicia no sería un obstáculo para la paz”, no solo se refería al acuerdo con las Farc sino a la inmunidad que tuvieron por varios años los congresistas que impúdicamente consumieron la mermelada que les llegaba a chorros desde el Ejecutivo con el pretexto de actuar en pos de un propósito altruista.
Y es que en nombre de ‘la paz’, pasaron casi cinco años sin que se hubiera movido un solo papel hasta la semana pasada cuando el magistrado Eyder Patiño resolvió abrir una indagación preliminar por una denuncia de corrupción recibida en 2013.
Aunque tarde –como todo en este país– si la sala penal decidiera investigar en serio, los colombianos podríamos saber no sólo si los parlamentarios recibieron partidas por fuera de la ley sino establecer si intercambiaron y vendieron entre sí cupos indicativos y en qué momento los contratos de infraestructura regional se quedaron cortos y los politiqueros tuvieron que echar mano de aquellos que proveían alimentación para los niños en las zonas más golpeadas por la inequidad.
Si la justicia colombiana resolviera actuar con la misma celeridad con la que lo hizo en la llamada yidispolítica, ahora en este caso de la mermelada, nos daríamos cuenta de que lo primero resultó ser un juego de niños al lado de lo que pasó en estos últimos dos periodos.
Toda nómina estatal resultó insuficiente para saciar el apetito voraz de los congresistas e incluso puestos en los que se hubiera requerido una experiencia profesional especial como la dirección del Fonade terminaron siendo feriados entre magistrados y politiqueros que hoy se encuentran presos pero que todavía no cuentan todo lo que saben.
Dicen que lo difícil en este caso será probar lo que ocurrió, sobre todo porque, como en la mafia, en la política también parece haber pactos de silencio para asegurarse de que la democracia transaccional en la que vivimos no se vaya a derrumbar como un castillo de naipes.
Sin embargo, basta con que los investigadores hagan lo suyo con los congresistas que ya están detenidos. Si hay dos sujetos que saben cuál es la realidad de lo que ocurrió en los últimos años esos son el Ñoño Elías y Musa Besaile que, como la mayoría de los corruptos de los últimos tiempos, usaron la paz como escudo para justificar el saqueo de la nación.
El problema es que, a diferencia de los casos que se llevan en la justicia contra el resto de mortales, en el caso de los parlamentarios no existen expresamente figuras como la del principio de oportunidad o los preacuerdos que los incentiven a hablar.
Por eso urge que si la justicia quiere llegar a la verdad del caso de la mermelada, siente jurisprudencia para garantizarles beneficios a quienes ofrezcan colaboración en las altas esferas, permitiendo que por fin caigan los que tengan que caer.
Si a Sabas Pretelt y a Diego Palacio los condenaron a más de ocho años por entregar una notaría y la dirección de un hospital en Barrancabermeja, qué no le harían a los de ahora si la justicia se atreviera a llorar por ambos ojos y si se desenmascarara a los políticos farsantes que han dicho con descaro que la paz todo lo vale para quedarse con la plata de los colombianos. Va siendo hora de que se sepa la verdad.
Twitter: @JoseMAcevedo
