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Opinión

  • | 2014/01/22 00:00

    Si tuviéramos al menos un José Mujica

    Muchos pasamos por alto un hecho atractivo para la democracia de Suramérica: la elección de Uruguay como el país del 2013, según The Economist.

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Diciembre es un mes de celebraciones, novenas, fiestas y regalos, en consecuencia, muchas noticias pasan desapercibidas, marcando, poco rating en un caso y bajo interés en otro: tal vez por eso muchos pasamos por alto un hecho atractivo para la democracia de América del Sur y fue la elección de Uruguay como el país del 2013 por parte de la influyente publicación británica The Economist; seguramente, poniéndolo en términos futbolísticos, es un reconocimiento a la garra charrúa, de la mano de un gran director técnico como lo es José ‘Pepe’ Mujica.

El otrora militante Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, quien participó en operativos guerrilleros al mismo tiempo que trabajaba en su finca, debió refugiarse en la clandestinidad tras ser perseguido por la Policía.

Sus ideas de izquierda y su gusto por la revolución dejaron en su haber años de sufrimiento y, como bien lo dice hoy, no son el camino: fue herido de seis balazos y dos veces se voló de la cárcel. La última vez pasó 15 años de prisión entre 1972 y 1985.

Quizá las múltiples necesidades por cuenta de la revolución lo pusieron a pensar que podía vivir con lo mínimo y, como lo declaró el diario La Prensa de Honduras hace unos años, Mujica es el presidente más pobre del mundo: su austeridad y bajo perfil en su estilo de vida no la envidiaría ningún político y menos de Colombia. ¿Ustedes se imaginan a Juan Manuel Santos andando en un viejo tractor en su finca de Anapoima? ¿Al niño Andrés Pastrana rodando por la séptima en un viejo escarabajo azul modelo 68? ¿A Álvaro Uribe renunciando a la mitad de su sueldo? Como dirían los test: ninguna de las anteriores.

Si por lo menos en nuestro país encontráramos un solo político con esta mentalidad y el mismo proceder, no sólo tendríamos el reconocimiento de una revista importante, sino el visto bueno de la sociedad colombiana que en víspera de elecciones no dudaría dos veces en apoyar causas de gobierno. Algunos dirán: ‘Pero es que Uruguay es muy pequeño, no tiene más de tres millones de habitantes, por eso es fácil’. Otros menos conformistas dirán: ‘Pero el departamento de Chocó, que tiene mucho menos habitantes que Uruguay, se la roban la plata todos los días’.

Si tuviéramos al menos un político que nos demostrara –con hechos– que la austeridad es un modelo por seguir, no se transportaría en lujosas camionetas 4x4 con gasolina subsidiada por el Estado, ni usufructuando sus caprichos por cuenta del tesoro público.

En cuanto a lo político, el viejo Mujica no es menos sorprendente. Pragmático en sus respuestas pero contundente en su pensamiento, en una reciente entrevista concedida al diario El Mercurio de Chile puso el dedo en la llaga con repuestas sobre temas que ni el más liberal de los nuestro se atrevería a proponer: no han podido con el precio de la gasolina, menos con temas espinosos. Pepe Mujica justifica en buena forma temas como la legalización de la marihuana con respuestas que ponen a pensar una sociedad:
“Queremos tener identificado al consumidor para poder operar frente a él. Y qué queremos decir: ‘Muchacho, hasta aquí llegás, si necesitás más, te tenés que atender’”. 
Eso es digno de un líder.

No suficiente con lo anterior, también tira su sablazo hacia el capitalismo y sin echar vainas –como algunos dirigentes de izquierda de nuestro país– rotula su pensamiento con la realidad de las necesidades

“El capitalismo es muy fuerte para generar riqueza”, dice. “Es imposible de vencer con decretos o con decisiones meramente políticas. Es un cambio de época. Utilizar los recursos del capitalismo con el máximo de inteligencia para tratar de tener sociedades mucho más calificadas”.

Es de fantasía. Si nos pusiéramos a enumerar su programa de gobierno, seguramente podríamos obtener un documento que sirva de carta de navegación para que los mal llamados líderes de Suramérica y del mundo no se estrellen contra la montaña. Que este abuelo querido y bonachón, desgarbado en su forma de vivir pero elegante en su forma de pensar, sirva de modelo para un solo político por país y con ello se engrose la lista de candidatos para personaje de 2014 no sólo de The Economist, sino incluso del más insignificante periódico de cualquier país del mundo.
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