Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2000/06/12 00:00

Juan Camilo: ¿‘in’ o ‘out’?

La presencia de Juan Camilo Restrepo en el gabinete se ha vuelto prácticamente indispensable

Juan Camilo: ¿‘in’ o ‘out’?

Cuando se daba por hecho que uno de los cambios fijos de gabinete se produciría en la cartera de Hacienda, de pronto las apuestas apuntan a todo lo contrario: a que Juan Camilo está in en el futuro gabinete. Parece que se queda. Con este Ministro está pasando algo bien particular. Respetados economistas insisten en que se ha equivocado en el manejo económico, que ha estado guiado por sus intereses políticos personales, y que por ello se debe ir. El propio Juan Camilo se quiere ir. Ha aplazado suficientemente sus aspiraciones políticas, y está cansado en el Ministerio. Pero en contra de su propia voluntad, su presencia en el gabinete se ha vuelto prácticamente indispensable, pues internacionalmente da confianza en el manejo del timón de la economía colombiana. E internamente las encuestas indican que a pesar de unas perspectivas económicas tan grises, a los colombianos puede que no les produzca entusiasmo la gestión de Juan Camilo pero sí, como pasa también internacionalmente, les produce confianza.

A mí la acusación contra Juan Camilo de que ha manejado mal la economía por cuenta de cuidar su imagen para salir del Ministerio a hacer política siempre me ha parecido injusta. Mientras todos sus antecesores se han vinculado a poderosas entidades internacionales, lejos de cualquier cobro de cuenta a sus respectivas gestiones, Juan Camilo desea someter la suya al escrutinio público, y a eso sólo pueden aspirar quienes creen que han hecho lo correcto.

Lo que pasa es que las circunstancias políticas del país le han sido totalmente adversas. Cuando ya parecían controladas las tasas de interés, domada la inflación y las divisas provenientes de un atractivo precio del petróleo nos estaban permitiendo sobreaguar, el ‘Mono Jojoy’ hizo su fatídico anuncio de la ley 002, creando aún más zozobra entre los inversionistas, y la propuesta del referendo le cerró las puertas del Congreso a las reformas económicas que incluso antes de este anuncio ya parecían bastante difíciles de sacar adelante. A eso se suma una escandalosa tasa de desempleo que parece haber llegado para quedarse para rato.

A juzgar por los insultos que han ido y venido por estos días entre los protagonistas del escenario político, parecería como si nunca antes hubiéramos sido más indiferentes ante las perspectivas de nuestra economía.

Así, mientras Horacio Serpa acusa a este gobierno de ser mentiroso e inepto, Ernesto Samper compara a Humberto de la Calle con un vampiro en un banco de sangre y Néstor Humberto Martínez dice que la abuelita de Serpa le enseñó refranes pero no le enseñó principios, todo indica en el plano económico que, de seguir todo como va, este año el incremento del déficit fiscal será superior al del año pasado, con lo que se habrá perdido de manera grave el camino recorrido.

Aquí cabría perfectamente (como lo hizo recientemente el senador Rodrigo Rivera en el Congreso), recordarles la frase que James Carville, asesor de imagen del entonces candidato Bill Clinton contra George Bush, le hizo grabar en un pedazo de madera para colocar encima de su escritorio para que la recordara en todo momento del debate político, y no se dejara sacar del tema por parte de su adversario: “It’s the economy, stupid”. Lo que traduciría en este momento a la colombiana: “Es la economía, estúpidos”.

Dicho en otras palabras, si el gobierno no logra pronto un acuerdo político para revivir la reforma de la modernización tributaria, la de la modificación del régimen de transferencias y la reforma pensional, el año entrante el déficit llegará a niveles sin precedentes.

Con el agravante de que si la inversión extranjera sigue paralizada, y las privatizaciones previstas para este año no se dan, es perfectamente posible que para evitar una crisis cambiaria el Banco de la República se vea obligado a elevar las tasas de interés para limitar la salida de capitales. Y esa decisión daría al traste con los incipientes signos de reactivación que comienza a mostrar la economía. Eso, sin contar con el hecho de que el gobierno ha salido desesperadamente en busca de recursos a través de unos TES que están reconociendo tasas de intereses muy superiores a las del mercado financiero, con lo que inevitablemente el propio gobierno las está empujando hacia arriba.

Lo que ahora tiene tan preocupados a los economistas, que los llamados spreads —que tienen nombre de queso fundido pero que son más bien los indicadores de riesgo que valora la capacidad de un país de pagar su deuda— hayan aumentado de manera preocupante, no puede de ninguna manera achacársele a la presencia de Juan Camilo en el gabinete. Por el contrario, si dicho aumento se ha producido a pesar de la presencia de Juan Camilo en el gabinete, es porque los spreads reflejan la percepción internacional sobre la situación interna de un país —léase la incertidumbre sobre el proceso de paz y la varada en la que se encuentran los proyectos de reforma económica—.

En conclusión, Juan Camilo debe quedarse —y ojalá que así sea—, porque un cambio de ministro en este momento implica un viraje en la política económica, en momentos en que la única política viable es, querámoslo o no, la que está en marcha.



Entretanto...¿No será que ahora que don Armando le está parando bolas, Betty por fin toma la decisión de lavarse con champú la capul?

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