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Opinión

  • | 2011/09/05 00:00

    Juan de la Cruz Varela y el desarrollo rural hoy

    No exagero al afirmar que Juan de la Cruz Varela fue el principal dirigente campesino colombiano del siglo XX.

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Juan de la Cruz Varela nació en 1902 en Ráquira, Boyacá. Sus padres fueron Dionisio Varela y Vicenta Aldana, quienes huyendo de la pobreza emigraron al Alto Sumapaz, en 1905, a lo que hoy se conoce como el municipio de Cabrera. La pobreza los acosaba, sin tierra y como arrendatarios. Juan de la Cruz escasamente asistió tres años a las escuela, trabajó desde niño y mostró a muy temprana edad un carácter independiente y concentrado; de su padre heredó una firme honestidad y de su madre una especial sensibilidad por el prójimo. Al morir ésta en 1918, su padre estableció una nueva relación con Manuela Buitrago, hogar en que el joven Juan de la Cruz no se sintió cómodo, así que optó por independizarse y hacerse cargo de sus hermanos menores, en medio de conflictos con su padre.

En 1928 conoció a Erasmo Valencia, quien habría de ejercer una influencia determinante en su vida. Valencia, político caldense, fundó ese mismo año el Partido Agrario Nacional, y encontró en Juan de la Cruz el líder nato y comprometido con el campesinado del Sumapaz y el oriente del Tolima, que exigía tierra y respeto en medio de un latifundismo que sometía al campesinado a unas relaciones desiguales y oprobiosas. Lucha ésta en la que se comprometió a fondo, y que lo llevó a liderar un amplio proceso de organización campesina que partió de la reivindicación por la tierra y le permitió ocupar cargos políticos en Icononzo, como concejal, y en la Asamblea del Tolima, de la que incluso fue presidente.

Conoce a Jorge Eliécer Gaitán y ante el declive del PAN se une a la UNIR, liderado por Gaitán, con quien continúa la lucha por las reivindicaciones del campesinado, recurriendo a la denuncia política y a las acciones legales. Al igual que con Erasmo Valencia, con Gaitán construye una relación franca y profunda, a ambos los reconoce como maestros y compañeros de lucha. Sus muertes en el 48 y el 49 lo dejan desolado.

En 1950 solicitó su ingreso al Partido Comunista, donde fue recibido con beneplácito, en la medida en que reconocían a Juan de la Cruz como un líder agrario y político de respeto. Al recrudecerse la violencia tras el asesinato de Gaitán, la organización campesina en el Sumapaz y el oriente del Tolima se hace importante y sus logros meritorios. Ante la violencia optan por las formas de autodefensa y resisten hasta 1953, cuando la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla lanzó una ofensiva militar sobre Villa Rica, en el 55. Es por ello que deben recurrir nuevamente a las armas, hasta la llegada del Frente Nacional, cuando pactan el desarme y exigen garantías para la acción social y política. En las elecciones de 1960, se presentó como suplente de Alfonso López Michelsen a la Cámara de Representantes, a pesar de su filiación comunista y de que su partido estaba ilegalizado; pero fue el camino que asumió para seguir vigente en la arena política. En los años sesenta, debió nuevamente resistir a la violencia de los latifundistas.

Se dice que en la década de los 70 veía con cierta distancia la acción de las FARC, y que no había una relación cordial entre Juan de la Cruz y Manuel Marulanda. Ya tres guerras eran suficientes, y su prioridad era consolidar los logros en el Sumapaz y el oriente del Tolima, pero para su desgracia la guerra volvió a arreciar en estos territorios.
No exagero al afirmar que Juan de la Cruz Varela fue el principal dirigente campesino colombiano del siglo XX, que lideró una acción social y política triunfante y conquistó importantes reivindicaciones de tierra y respeto al campesinado: fueron miles los que se hicieron a un pedazo de tierra y lograron quitarse de encima el yugo de unas relaciones oprobiosas y de un latifundio que no dudó en recurrir a la violencia.

Hoy el país discute de nuevo cómo lograr un desarrollo rural que haga del campo un lugar digno, donde sea posible la vida lejos de la violencia y los autoritarismos. Los indicadores nos muestran un campo violento, desigual, pobre, muy poco productivo, casi el mismo contra el que se levantó Juan de la Cruz Varela ya hace nueve décadas, y que espera bajo el liderazgo de Juan Manuel Santos avanzar en equidad y democracia, dos asignaturas que permanecen pendientes. Aún falta ver si la ley de Desarrollo Rural que el gobierno presentará a consideración del Congreso es el instrumento idóneo para avanzar en la búsqueda de un agro más justo, que abra las posibilidades para cerrar de manera definitiva el conflicto armado con las FARC y el ELN, que por cierto nacieron con las reivindicaciones agrarias impresas en sus motivaciones fundacionales.

Para quienes deseen conocer en mayor detalle la vida de Varela, fallecido en 1984, recientemente fueron publicados dos muy buenos trabajos: el de Rocío Londoño –profesora de la Universidad Nacional- titulado “Juan de la Cruz Varela y la sociedad campesina de la provincia de Sumapaz, 1850-1980”; y el de su hija Laura María Varela en compañía de Deyanira Duque, “Juan de la Cruz Varela entre la historia y la memoria”.

* Luis Eduardo Celis es coordinador de la línea de Incidencia Política de la Corporación Nuevo Arco Iris.

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