Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/06/24 09:28

D+1, D+5, D+60, D+180

Yo quiero creer en el gobierno y en la guerrilla de las FARC, pero me preocupan la falta de claridad sobre algunos puntos acordados y la codificación de los mensajes.

Juan Diego Restrepo E. Foto: NATALIA BOTERO / REVISTA SEMANA

He recorrido buena parte de este país en el último año y he escuchado las voces de autoridades locales, líderes comunitarios, campesinos, militares y guerrilleros, y todo ello me lleva a leer con una excesiva dosis de racionalidad los últimos acuerdos firmados en La Habana.

No acojo la tesis de que ya estamos en el día después de la guerra. Sí, es importante lo acordado en La Habana sobre temas fundamentales como el cese bilateral de hostilidades, la dejación de armas, los mecanismos de seguridad para proteger a los guerrilleros que harán política y la manera cómo se van a combatir las organizaciones del crimen organizado, pero tales decisiones no implican el fin del conflicto en Colombia. Aún estamos lejos de eso.

Más allá de las celebraciones, los abrazos y el llanto, que expresaron cientos de colombianos en el país y en el exterior, pongo los pies en la tierra para revisar algunos detalles consignados en los documentos firmados en la isla del Caribe y que sirvieron de excusa, con exceso de protocolo a mi juicio, para un nuevo encuentro entre el Presidente de la República y el máximo comandante de la guerrilla de las FARC.

La primera duda que me abriga es la complejidad de la redacción del documento referido al cese al fuego y hostilidades definitivo, y la dejación de las armas. Un ciudadano del común, que medianamente lee en su vida cotidiana, necesita bastantes explicaciones para comprender el fondo de los acuerdos y, más allá de eso, asimilar aspectos tan simples como cuándo las FARC dejarán las armas. Lo que consigna el acuerdo es una frase esquemática: “El día D a la hora H”. ¿Cómo explicarle eso a un campesino analfabeta en la ruralidad colombiana?

Pero las cosas se complican aún más cuando se aborda el tema de la dejación de armas. Allí se introducen nuevamente frases esquemáticas de difícil asimilación. “A partir del día D+1”, “Por su parte a partir del día D+5”, “Del día D+7 al día D+30”, son algunas de esas esquematizaciones idiomáticas que confunden a muchos lectores.

La segunda duda que me genera es la palabra “anexos”. El acuerdo sobre cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y dejación de las armas tiene diez veces esa palabra, referida a temas sustanciales como las reglas que rigen el cese al fuego bilateral y las acciones que se comprometen a no realizar tanto la Fuerza Pública como las FARC, así como a la identificación de las llamadas Zonas Veredales Transitorias de Normalización y su reglamentación, pero no fueron difundidos en la isla del Caribe.

Y parece que son varios los anexos, pues en el documento se hace referencia a “anexo X”, “anexo Y”, y “anexo X1”. Volvemos pues a las frases esquemáticas que poco o nada dicen con respecto a los detalles que un lector cualquiera quisiera observar en un documento de la importancia que tienen los acuerdos con la guerrilla de las FARC y que conducirán al fin de la confrontación armada con este grupo subversivo después de 52 años de atrocidades.

La tercera inquietud tiene que ver con la identificación de las 23 Zonas Veredales Transitorias de Normalización, donde vuelve y juega la esquematización de las palabras: “Las ZVTN están contenidas en el anexo X1 del presente Acuerdo”. Pero le escuché a Humberto de la Calle, jefe del equipo negociador del gobierno nacional que se estaban consultando con los alcaldes de esas zonas, donde se concentrarán por seis meses los insurgentes. ¿Por qué no se pueden conocer públicamente aún? ¿Lo que se deduce de lo dicho por De La Calle es que se escogieron previamente sin consultar a los mandatarios locales? ¿Y si uno de ellos rechaza esa escogencia, qué pasaría?

No soy un opositor al proceso de negociación con las FARC, no creo en las guerras eternas, por eso creo que la salida negociada a cualquier conflicto es la decisión política más sensata, así nos duelan los recuerdos de las atrocidades de la guerra cometidas durante 52 años, pero me preocupa la manera cómo codifican y se transmiten algunos mensajes, y cómo los están asimilando en el país.

Los documentos firmados ayer en La Habana son fundamentales para el futuro de la negociación, no hay duda, pero son pura teoría. Sí, es cierto, hace parte de lo que llaman una “hoja de ruta”, pero la manera cómo están redactados no es de fácil asimilación por parte de la ciudadanía, que espera detalles claros para poder tomar decisiones con respecto al acuerdo final que se alcance con las FARC. La refrendación pasa por la claridad y concreción, y no se la están dejando fácil a la gente; además, si no hay una fuerte campaña de pedagogía, que no la hay, la situación tiende a complicarse.

Vamos hacia el fin de la confrontación armada con las FARC, no hay duda que se avanza, pero esos logros que se dan hay que comunicarlos a la ciudadanía de tal manera que no genere suspicacias ni se preste a interpretaciones. Por esos intersticios es que se introduce la oposición para criticarlo y deslegitimarlo.

Falta poco para acabar una confrontación armada, que servirá como base para terminar otras y dar un parte de victoria de que la guerra en Colombia concluyó definitivamente, no perdamos la esperanza en quienes están haciendo el esfuerzo de lograr ese sueño. Solo pido, como ciudadano, que no me dejen las decisiones a interpretar un D+1, D+5, D+60, D+180 o a un anexo 1, anexo X o anexo Y, que me puedo equivocar.

En Twitter: jdrestrepoe

(*) Periodista, director de VerdadAbierta.com

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