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Opinión

  • | 2015/01/07 18:00

    Agendas paralelas al proceso con las Farc

    A medida que avanzan los diálogos en La Habana, en el país también se abordan otros temas de gran transcendencia para el futuro. ¿Qué tanto coinciden unos y otros?

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Son diversos los sectores que desde finales del año pasado han afirmado, no sin cierta ingenuidad, que este año que acaba de iniciar es “el año de la paz” para Colombia. Son voces que leen con mucho optimismo los avances de las negociaciones del gobierno nacional con las Farc en La Habana, Cuba. Sin embargo, hay otras agendas nacionales que me ponen a dudar de tanta confianza.

La primera agenda que me preocupa por sus implicaciones en los acuerdos logrados alrededor del tema de la tierra en la isla de Cuba es el proyecto de ley que crearía las llamadas Zonas de Interés de Desarrollo Rural y Económico, conocidas como Zidres. De acuerdo con la definición dada por el gobierno nacional, estas zonas son “áreas geográficas aisladas de los centros urbanos más significativos; demandan elevados costos de adaptación productiva; tienen baja densidad poblacional y altos índices de pobreza; carecen de infraestructura mínima para el transporte y comercialización de los productos, y, por sus características agrológicas y climáticas, resultan inapropiadas para desarrollar unidades de producción familiar”.

Cuando leo esa definición y la comparo con lo consignado en el borrador del primer acuerdo alcanzado en La Habana, llamado Reforma Rural Integral, no deja de preocuparme la distancia que hay entre éste y el proyecto de ley. De acuerdo con la definición anterior, hay amplias regiones del país “inapropiadas” para “la producción familiar”, pero en el documento conjunto entre el gobierno nacional y las Farc sobre el tema agrario se destaca “el papel fundamental de la economía campesina, familiar y comunitaria en el desarrollo del campo”. En el mejor de los escenarios: acuerdo con las Farc y aprobación del proyecto de ley, ¿podrán aplicarse uno y otro sin mayores problemas?

No tengo duda de que el proyecto de las Zidres hace parte de la agenda del gran capital agroindustrial en el país. En su búsqueda de oportunidades de inversión, encuentran un escenario propicio preparado por el gobierno nacional para invertir recursos en el campo y en actividades como la minería, que tanta discusión genera. Ello me genera una segunda preocupación: ¿está el sector productivo del país sintonizado con el proceso en La Habana?

Mucho se habla de la rentabilidad de la paz y las cifras a las que se apelan parecen demostrarlo, pero también es cierto que en medio de la guerra el país también ha tenido, por algunos periodos, crecimientos económicos significativos, lo que implica que el escenario bélico ha sido beneficioso para algunos sectores, que sin duda se han lucrado por décadas de ese estado alterado.

Los dueños del gran capital no ceden ni dan nada a cambio si en esas transacciones no incrementan su riqueza. ¿Cómo mantendrán entonces sus ganancias? ¿Qué exigirán a cambio de su compromiso con la paz? Hay que salir a preguntarles para tener claro su posición, con lo cual se podría determinar la estabilidad o inestabilidad de los acuerdos que se logren en La Habana.

Una tercera preocupación tiene que ver con los cultivos de hoja de coca para uso ilícito y de marihuana, mirados no como actividades dispersas sino como parte de una cadena del crimen organizado. Si bien en Cuba se ha logrado avanzar en el tema y se tiene el borrador sobre la “solución al problema de las drogas ilícitas”, no es clara la agenda nacional para abordar el tema y tampoco se sabe cómo concibe Estados Unidos, el mayor financiador de la guerra antidrogas en el país, la solución definitiva a este problema, que ha sido el combustible de la guerra en las últimas décadas y del cual también se han beneficiado las empresas norteamericanas que venden los productos para usar en la aspersión aérea de los sembradíos y de servicios de aviación que se aplican a esta actividad. ¿Se comprometerá el gobierno estadounidense a respetar los acuerdos?

En relación con este tema, hay un asunto que aún no se ha tocado a profundidad ni se tienen acuerdos al respecto: la extradición de los jefes de las Farc, sobre los cuales pesan pedidos de la justicia norteamericana que hasta el momento mantiene su postura ¿Cómo negociar este tema? ¿Quién tiene la última palabra?

La estabilidad de los acuerdos que se puedan alcanzar en Cuba también depende de dos asuntos que son mi cuarta preocupación: la guerrilla del ELN y las llamadas bandas criminales emergentes (Bacrim). Se especula que hay una agenda de conversaciones que va por buen camino con el ELN y que podría concretarse al comienzo de este año, con lo cual podría desactivarse un factor de violencia en las regiones donde opera este grupo insurgente, disminuido en los últimos años en hombres y armas, y con poca capacidad de negociación.

Pero el problema mayúsculo son las Bacrim, particularmente las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, también conocidas como ‘Urabeños’ y ‘Clan Úsuga’. Son un factor de inestabilidad total, pues sus acciones delictivas se extienden por varias regiones del país y han tenido un significativo crecimiento exponencial en hombres, armas y control territorial desde 2006, cuando surgieron en el Urabá antioqueño.

Desde octubre del año pasado se viene hablando de la creación de normas para su sometimiento, tema del que ha hablado el Fiscal General de la Nación en diversos escenarios, pero del que no se concretó al cerrar el año. Sin lugar a dudas será un gran debate este año. ¿Qué estarán pensando los jefes de esas organizaciones criminales? ¿Se someterán?

Y una quinta preocupación se centra en la agenda de las Fuerzas Armadas. ¿Son sinceros los altos mandos cuando dicen que acompañan al presidente Santos en su esfuerzo por alcanzar un acuerdo con las Farc? ¿Serán un factor de estabilidad una vez se cierre el proceso con esta guerrilla, así como con el ELN si se logra, y respetarán lo acordado? El blindaje que las rodea impide tener una evaluación clara de sus posturas. Espero que sus agendas no sean, como en otros países, un obstáculo para alcanzar la paz en el país.

En Twitter: jdrestrepoe
(*) Periodista y docente universitario

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