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Opinión

  • | 2015/10/02 10:00

    ELN me respondió una pregunta, pero…

    Hace varios meses pregunté si este grupo subversivo tenía “pueblo”. A través de un escrito, ellos me contestaron. El asunto es que me surgieron otras dudas.

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El 14 de enero de este año escribí un artículo en este espacio titulado ¿El ELN tiene pueblo? Lo redacté como reacción a los discursos de varios jefes de ese grupo armado ilegal reunidos en el V Congreso, realizado en algún lugar de las montañas de Colombia, y que llamaron “Raíces, luchas y esperanzas junto al pueblo”.

Realmente no esperaba respuesta alguna. He aprendido a lo largo de mi carrera que los grupos subversivos no tienen mayor interés en dialogar con periodistas y medios de prensa que son críticos con ellos, salvo que sean afines a sus tendencias, a ellos o grandes medios con connotados directores, lo que siempre me ha parecido paradójico: los cuestionan profundamente, pero no vacilan en darles entrevistas. Años de guerra no les quita lo veleidosos.

Sin embargo, hace pocas semanas recibí varios mensajes en mi cuenta de Twitter donde me anunciaban que me iban a responder las preguntas que hice en enero. El anuncio me llamó la atención y esperé la publicación del texto que contenía los planteamientos oficiales del ELN. El texto, titulado Más Allá de Tener Pueblo, El ELN Es Pueblo, fue escrito por un hombre que se identifica como ‘Alonso Montoya’ y fue publicada en el portal http://www.eln-voces.com/ el pasado 14 de septiembre.

Dada la actual coyuntura con esa organización guerrillera, con la cual se viene avanzando en la búsqueda de una solución negociada a su confrontación armada contra el Estado y el aparato productivo del país, que, según se ha anunciado, está próxima a la fase de conversaciones públicas, me parece importante abordar algunas de las respuestas dadas a mis reflexiones y plantear nuevas preguntas, pues las circunstancias lo ameritan.

La primera respuesta del ELN es que sí tienen “pueblo” y argumentan: “es difícil imaginar que una organización insurgente haya podido hacer un proceso de lucha y resistencia durante medio siglo sin el respaldo de las comunidades”. Ya preveía esa afirmación, sobre la cual, también en enero, sugerí que ese respaldo venía de una imposición de armas, de las cuales era difícil desmarcarse so pena de sufrir graves consecuencias.

Al respecto el ELN estima que la “legitimidad y el reconocimiento que tenemos en los lugares donde habitamos no es producto de una supuesta imposición que hacemos a través de las armas, esa es una falsa idea que solo puede residir en un imaginario que desconoce la vida de los pueblos o que asume un sesgo insensato”. La afirmación me genera dos preguntas: ¿Qué acciones no armadas han realizado en sus 51 años de vida guerrillera para alcanzar la legitimidad y el reconocimiento que dicen tener? ¿Y qué han hecho ante aquellas acciones armadas que los ha deslegitimado como grupo insurgente?

La respuesta del ELN tiene un toque romántico que me lleva más a la década del setenta que a estos tiempos contemporáneos: “Quienes verdaderamente nos conocen, saben que es el cariño incondicional de la gente del barrio, de la vereda, lo que mantiene ondeante la bandera roja y negra de la liberación nacional”.

Pero, ¿cuántos son? ¿Dónde están? “El ELN lo componen trabajadores, campesinos, jóvenes, mujeres, estudiantes, etc., que han decidido asumir un proyecto de transformación estructural por la vía de la lucha revolucionaria y popular, y son muchos más los militantes que no han empuñado las armas que quienes las llevan al hombro, porque para ser un buen militante eleno no es indispensable usar el arma o cargarla al cinto”.
 
Esta frase es importante para cuando llegue la hora de enfrentarse a una eventual desmovilización, dejación de armas y reincorporación a la vida civil por dos razones: de un lado, para calcular la acción del Estado en la atención de los desmovilizados; y de otro, para estimar la fuerza que tendrían si, en ese camino del abandono de la guerra, deciden convertirse en un movimiento político. Ya lo había escrito antes: yo quiero ver al ELN en una disputa electoral. Solo ahí podrá comprobarse la legitimidad de la que hablan y dicen tener.

Entiendo que la historia de Colombia está llena de muertos a causa de la guerra sucia desatada por fuerzas estatales y paraestatales contra sectores alternativos que se han opuesto a las políticas económicas de sucesivos gobiernos y a la injerencia de multinacionales en nuestro territorio: “Bajo esa lógica de lucha contrainsurgente exterminaron la esperanza que significaban movimientos como a Luchar, el Frente Popular y la Unión Patriótica, solo a esta última le asesinaron más de 6.000 mil de sus integrantes indefensos y desprotegidos quienes cayeron víctimas de la política criminal del Estado”.

Comparto con el ELN sus temores sobre la imposibilidad de visibilizarse, bajo las condiciones actuales, como simpatizante de fuerzas insurgentes en su componente político, porque los riesgos de perder la vida son altos: “¿Quién puede hoy reivindicarse amigo, simpatizante o cercano a la insurgencia sin que lo asesinen, encarcelen, destierren o desaparezcan?, por ello el respaldo que tiene la insurgencia es imposible medirlo en contingentes humanos que lo reivindiquen”. De atrás, como ellos mismos citan, quedan los rastros de la UP, A Luchar y el Frente Popular.

Nicolás Rodríguez Bautista, alias ‘Gabino’, dijo en ese V Congreso que “nada de lo que obtenga el pueblo colombiano se lo van a regalar, entonces el futuro es de lucha”. Ante esa frase, que hoy debe cobrar otro significado si se piensa en la solución negociada a la confrontación armada, me gustaría conocer, directamente y sin su intermediación, ese “pueblo” del que hablan y preguntarles sobre cómo asume esa invitación a “luchar”, pues no tengo duda alguna que, de alguna manera, también ha padecido sus acciones militares y sus imposiciones económicas.

Y también, en este diálogo sin afanes que empezamos, me interesaría mucho escuchar la voz directa de ese “pueblo” al que hacen referencia si está decidido a acompañarlos a ustedes en la búsqueda de la paz que, parece, va por buen camino. Esa interlocución impediría errores de interpretación.

En Twitter: jdrestrepoe
(*) Periodista y docente universitario

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