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Opinión

  • | 2016/05/19 10:05

    La cuenta regresiva

    Luego de que los acuerdos sean aprobados, el Centro Democrático enarbolará su resistencia civil para oponerse a la puesta en marcha de los acuerdos, que es al final lo que le importa.

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Las noticias de la semana pasada han llevado al país a una profunda discusión jurídica –como las que tanto nos gustan- sobre los alcances del blindaje al proceso de paz. Pero la noticia de fondo es más bien otra, pues dicho anuncio oficializa la cuenta regresiva para finalizar la negociación de paz. Con la tranquilidad de que no será posible desconocer lo acordado, las Farc se aprestan a resolver los temas de desarme, desmovilización y reintegración que vienen trabajando con delegados de las propias Fuerzas Armadas hace más de un año.

Y mientras en La Habana las Farc deciden cómo van a emprender su transición a la vida civil, en Colombia las fuerzas políticas se preparan para enfrentar el nuevo escenario que implicará la firma de la paz  y la presencia de una nueva fuerza política en la vida nacional

El primero en anticipar sus cartas ha sido el ex Presidente Álvaro Uribe, quien ante la inminencia de la firma del acuerdo ha presentado su próximo movimiento con el ambiguo anuncio de la famosa resistencia civil. La propuesta, que tiene mucho de propaganda y muy poco de doctrina, parte de aceptar la derrota que para él y su grupo implica que la paz se firme.

Luego de múltiples intentos para hacer la negociación inviable, de torpedearla, de ensombrecerla, de desprestigiarla, finalmente Uribe y su grupo se han resignado ante el hecho evidente de que no lograron impedirla.

Esto supone una gran derrota para el líder del Centro Democrático pues su aspiración de revertir el proceso y de volverse indispensable para su terminación se ha visto frustrada. Pero no por ello se resigna el expresidente a su ambición de ser el último que ponga el visto bueno a los acuerdos, y atropellado por la fuerza de los acontecimientos prepara su próximo movimiento para liderar la abstención en el plebiscito.

Ante la evidencia de que liderar una votación por el no dejaría su fuerza política en la mínima expresión y sometida al desprestigio local e internacional, la jugada de Uribe será la de presentarse como adalid de la abstención y tratar de cobrar como propia la ausencia de millones de colombianos en las urnas. Y claro, dicha apuesta, en un país abstencionista por naturaleza, tendría sentido si no fuera porque la regla para la refrendación del acuerdo facilita su aprobación, incluso en caso de mantenerse las altas tasas de ausentes en las urnas. Reclamarán entonces como propios los millones de colombianos que se abstendrán ese día, pero en democracia los votos que cuentan son los que se depositan, no los que se abstienen.

Y luego de que los acuerdos sean aprobados, enarbolará su resistencia civil para oponerse a la puesta en marcha de los acuerdos, que es al final lo que le importa. Porque Uribe no se opone a la paz, según él mismo dice, sino a sus consecuencias. Es claro que el programa de Uribe es la apuesta por el statu quo, por una paz sin transformaciones, que no cambie nada, que no afecte intereses y que deje todo tal como está. Y los acuerdos de La Habana implican justamente lo contrario.

La cuenta regresiva para la paz y para un nuevo escenario político ha comenzado.

* Ex viceministro del Interior. Director del Centro de Análisis y Asuntos Públicos.

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