Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2016/10/14 11:39

Los últimos cartuchos del gobierno se disparan

El cese al fuego con las FARC para poder intentar los ajustes que resulten viables para el acuerdo también le permite al gobierno usar los últimos cartuchos políticos que necesita para poder salvar la reforma tributaria.

Juan Fernando Londoño. Foto: Daniel Reina Romero

El presidente Santos anunció la prórroga del cese bilateral del fuego hasta el 31 de diciembre, con eso brinda oxigeno a la discusión para introducir ajustes al Acuerdo de paz firmado con las FARC, y también logra quitar presión para poder atender los otros frentes con los cuales tiene que responder su gobierno, en particular concentrar las energías en sacar adelante la reforma tributaria.

Hasta hace dos semanas, el gobierno –apoyado en la victoria que esperaba obtener en el plebiscito- confiaba en tener la legitimidad y fuerza política necesaria para tramitar una reforma impositiva sin mayores inconvenientes. Varios factores ayudaban a confirmar esta presunción, el más importante de ellos, que sería fácil vender la idea de conseguir más recursos para financiar el posconflicto, pues con el apoyo a la paz en las urnas nadie se iba a oponer a la necesidad de financiar dichos compromisos. Ahora que no se sabe cuando empezará la construcción de paz el único discurso posible es reconocer ante la ciudadanía la difícil situación fiscal de la nación y esto va a resultar no solo doloroso sino costoso para el gobierno que tendrá que explicar qué quedo de los años de bonanza petrolera.

No hay que descartar tampoco que el gobierno incluso hubiese contemplado tramitar la reforma tributaria por el procedimiento legislativo especial pues si su justificación era que el objetivo de los recursos era para financiar los compromisos derivados de los Acuerdos tenía mucho sentido usar ese mecanismo para el trámite, aunque con claros riesgos jurídicos posteriores.

El último factor que facilitaba un trámite holgado de la reforma tributaria era la cohesión que la coalición gubernamental habría tenido luego de la victoria. Así como quienes apostaron por el No hoy sacan pecho, el caso contrario habría permitido que la Unidad Nacional aprobara sin mayores dificultades el paquetazo impositivo.

Hoy nada de eso existe. Ni la justificación del posconflicto, ni el trámite legislativo especial, ni una coalición unificada. Y en cambio si existe el riesgo gigante de deteriorar la perspectiva crediticia del país y sumarle una crisis económica a la crisis política que existe por cuenta de la derrota en el plebiscito.

Ahora el gran desafío para el gobierno es sacar una reforma tributaria que no le rompa la coalición parlamentaria. Un par de meses atrás, cuando al presidente le advirtieron que no rompiera los pactos del Congreso nominando a Néstor Humberto Martínez para la Fiscalía, el presidente contestó que no le importaba las consecuencias de esa decisión. Ahora lo único que no le puede pasar al presidente Santos es perder la mayoría parlamentaria, pues eso implicaría el fin de su gobernabilidad. Ya el Centro Democrático anunció que no apoyará la reforma, pues ni tontos van a asumir los costos de subirle impuestos a la gente. Es probable que tampoco el Polo apoye en todo o en parte la iniciativa. Asi que si uno de los grandes partidos decide apartarse no solo la tributaria y la perspectiva económica sufrirán, también los acuerdos para adelantar la implementación de los acuerdos de paz.

El aspecto más difícil será la concertación en torno al IVA que al final es lo único que puede ayudar a aliviar la situación del fisco nacional. Los sueños de tramitar una reforma estructural y cosas por el estilo parecen cada vez menos viables en el callejón de la falta de tiempo para el trámite legislativo que debe culminar en diciembre. Como de costumbre, presenciaremos una nueva reforma para tapar huecos, víctimas como somos del dilema general de la política tributaria, y es que en épocas de vacas gordas nadie cree que se necesite, y en épocas de vacas flacas nadie quiere asumir el costo de hacerlas.

Así pues, el cese al fuego con las FARC para poder intentar los ajustes que resulten viables para el acuerdo también le permite al gobierno usar los últimos cartuchos políticos que necesita para poder salvar la reforma tributaria. Por fortuna para Santos, el congreso de Colombia ha sido capaz de tumbar reformas constitucionales pero nunca le ha negado una reforma tributaria a los presidentes.

* Exviceministro del Interior - @JuanFdoLondono

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