Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/04/08 12:07

La marcha de la derecha

El fin de semana pasado ocurrió algo realmente inusual en la vida colombiana. Por primera vez en la historia, las calles presenciaron una marcha política de la derecha.

Juan Fernando Londoño. Foto: Daniel Reina Romero

Ese tipo de manifestaciones habían pertenecido usualmente al repertorio de la izquierda y ocasionalmente, en años más recientes,  a convergencias ciudadanas por la paz. Pero, contrario a lo que se piensa, la marcha de la derecha no es una muestra de su fortaleza sino de su debilidad.

La razón por la cual la izquierda, los sindicatos y las organizaciones sociales acuden a llevar la gente a las calles se deriva de su convicción de la incapacidad de influir en las decisiones de otra manera. Su lejanía con lo que se suele llamar los factores reales de poder los lleva a acudir a la movilización popular como expediente para ser tenidos en cuenta y tratar de modificar los balances de poder en la sociedad. Esto es justamente lo que le ha ocurrido a la derecha y a su principal manifestación política, el centro democrático.

El liderazgo de Álvaro Uribe, pese a su popularidad, se ha venido alejando cada vez más de los denominados factores reales de poder, en virtud de su oposición cerrera a la terminación del conflicto colombiano por la vía negociada. En primer lugar, su capital político real se ha venido evaporando, la más importante manifestación de la futilidad de su poder es su propia bancada en el Congreso, la cual -pese a su protagonismo- termina teniendo poco impacto en el resultado de los procesos legislativos. Hacer oposición en el congreso es siempre rentable en la opinión pública pero poco práctico si se quiere influir en las leyes y en el control político. En los territorios la situación del uribismo es aún más precaria, su votación en las elecciones locales no alcanzó ni el 10% y no alcanzó triunfos importantes ni en los grandes centros urbanos ni en las zonas donde tendrá lugar el posconflicto con lo cual hubiese tenido poder de bloqueo a la implementación de los acuerdos en los departamentos y municipios priorizados.

La relación del uribismo con el poder económico también se ha debilitado. Aunque muchos empresarios están agradecidos con su gestión presidencial, no creen que su hostilidad permanente frente al proceso de paz sea constructiva. Por supuesto, muchos estarían felices de someter a las Farc a la justicia como lo quiere el ex presidente, pero saben que eso no es posible y que la Paz Santista es la única paz posible y real en este momento. Adicionalmente, muchos prefieren proteger sus negocios en lugar de convertirse en contradictores del gobierno y mucho menos palos en la rueda de la esperanza de paz.

Finalmente, la presencia de Uribe en los medios de comunicación también es minoritaria, con excepción de RCN los demás medios tratan de tener una posición independiente frente al proceso, en lugar de la actitud militante de los uribistas que dirigen varios medios de la organización Ardila Lule. En las páginas de opinión solo unos pocos respaldan las teorías estrambóticas del uribismo en torno a la conspiración del comunismo internacional en la Colombia del siglo veintiuno.

Así, pues, privado de poder político real para torcer el rumbo del proceso de paz, y alejado de los factores reales de poder que le permitan modificar la agenda política del presidente Santos, el uribismo ha decidido mostrar su orfandad de poder saliendo a marchar tal como lo han hecho durante décadas lideres sociales y políticos asociados con la izquierda. Salir con la gente a la calle es el último recurso con el que cuentan los grupos sociales cuando saben que no hay otra opción para mostrar que sí tienen algo de poder político.

Lo bueno de que esto suceda es que la derecha acuda a métodos democráticos, como el ejercicio de la protesta y la movilización ciudadana, en lugar de las prácticas de varias década atrás cuando actuaban agazapadamente y usando la violencia para frustrar los procesos de paz. Mejor el centro democrático del siglo 21 que el paramilitarismo de los ochenta. Es importante para el país que haya una derecha comprometida con las formas políticas democráticas. Por lo demás están en su derecho de tratar de encauzar la insatisfacción ciudadana con el gobierno del Presidente Santos, de eso se trata la democracia.

En todo caso, de allí a que la gente este dispuesta a comprometerse con el uribismo para frustrar  la oportunidad de paz existe un buen trecho y por el bien del país ojalá no lo recorran.

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