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Opinión

  • | 2017/05/06 10:40

    La "encrucijada en el alma"...de Santos

    Ya Maduro dio las primeras puntadas sobre las consecuencias que podría tener para Colombia, que su colega cometa lo que ha llamado una “deslealtad” con el régimen venezolano.

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Finalmente, Donald Trump recibirá a su homólogo colombiano Juan Manuel Santos, el próximo jueves 18 de mayo en Washington. Según el comunicado oficial de la Casa Blanca, "Los dos líderes intercambiarán visiones sobre varios temas bilaterales y regionales, incluyendo la implementación del acuerdo de paz, el acercamiento a objetivos de seguridad compartidos, como la guerra contra las drogas y el crimen internacional, y contrarrestar los problemas democráticos de Venezuela"

Por la agenda, es evidente que no será una reunión fácil para ninguno de los dos. Si se trata de la implementación de los acuerdos con las FARC, para Trump las constantes denuncias de impunidad y laxitud en las condiciones pactadas con las FARC, particularmente en lo relacionado con el tema de lucha contra el tráfico de narcóticos, se constituye en un factor de presión política muy grande. Sobre todo, porque cada vez más crecen las voces en el Partido Republicano y en la comunidad cubana de Miami exigiendo cortar los lazos creados entre Colombia y los regímenes de Maduro y Castro, con ocasión de las negociaciones de paz con la guerrilla en la Habana.

Para Santos tampoco va a ser fácil desvirtuar las afirmaciones de la propia Secretaría de Estado de los Estados Unidos, que han sostenido en su último informe que las FARC utilizaron las negociaciones con el gobierno colombiano para ampliar la producción de cocaína y vincular más campesinos a esa actividad ilegal. Y mucho menos, convencer al gobierno estadounidense de que los Acuerdos, por lo menos van a debilitar seriamente al narcotráfico. En este punto, muy seguramente, se espera que Trump le notifique a su colega la reducción de la ayuda pactada y la reorientación de la agenda al combate frontal al narcotráfico.

Con relación a los objetivos de seguridad compartidos, a Trump le va a sonar a música celestial la oferta de Santos de que, con los Acuerdos, el fin del conflicto armado le permitirá a reconvertir al ejército colombiano en un una nueva fuerza que se suma al combate al Estado Islámico. Y la alegría será mayor cuando le confirme que esa contribución se hará con cargo al fisco colombiano. Aquí nos Trump se va a declarar “primer mejor amigo” de Santos.

Pero la verdadera dificultad de la reunión está en el tema de Venezuela. O más precisamente en la urgencia de “contrarrestar los problemas democráticos” que vive ese país. Es evidente que, más allá del narcotráfico, la problemática colombiana no es relevante dentro de la agenda política del gobierno Trump.

Si se trata de asuntos estratégicos para los estadounidenses, el objeto del encuentro no será tanto discutir el apoyo de los Estados Unidos a los Acuerdos de Paz con las FARC, como la necesidad de buscar una salida la crisis política venezolana. Para el equipo de Trump, Colombia puede jugar un papel crucial en la caída del régimen de Maduro. No sólo desde el punto de vista político, sino también como plataforma militar. Y de la manera como el gobierno Santos conduzca estos asuntos, va a depender su resolución. Por eso a Trump le resulta de crucial importancia, que de la reunión salga el compromiso expreso del Presidente Santos de sumarse (e incluso) liderar la tarea de derribar el régimen del chavismo.

Para los Estados Unidos la perspectiva de que los gobiernos de Rusia o China, en algún momento puedan decidir un apoyo militar al debilitado régimen venezolano, plantea serios desafíos a la estabilidad política y militar de la región. Y es que no debe ser fácil para Trump, tener a los rusos reanudando sus operaciones militares en el caribe venezolano, como ya lo hizo hace menos de 10 años; o a los Chinos, desplegando su particular diplomacia en apoyo a un régimen al que, en ese mismo periodo, le ha prestado más de sesenta mil millones de dólares, a cambio de mantener un flujo de petróleo permanente a su país. Y eso sin contar a Irán, que también podría ser un actor de peso en esta coyuntura.

No se trata de un hecho inminente, pero si es una situación frente a la cual analistas y expertos han llamado la atención de los Estados Unidos, sobre la necesidad de estar bien preparado. Incluso, esa preocupación ya se ha expresado con ocasión de la necesidad de mantener el cambio de estrategia con Cuba. "Si no nos conectamos económica y políticamente, no hay duda de que China, Rusia y otros con intereses contrarios a los nuestros se apresurarán a llenar el vacío", le han dicho 16 altos ex militares de los Estados Unidos a Trump alertando sobre la necesidad de no abandonar la cercanía con Cuba. No es difícil extender el mismo argumento al caso de Venezuela. Por eso, no resultaría extraño que haya quienes recomienden al estadounidense, dar un apoyo irrestricto a los Acuerdos suscritos con las FARC, a cambio de que Colombia asuma el papel que los estadounidenses necesitan.

Este complejo escenario, hace que para Santos la reunión sea todavía más difícil. Ya Maduro dio las primeras puntadas sobre las consecuencias que podría tener para Colombia, que su colega cometa lo que ha llamado una “deslealtad” con el régimen venezolano. Incluso las propias FARC, no sólo hicieron visible el apoyo al gobierno de Maduro, sino que también han cuestionado a Santos por haberse desmarcado del régimen chavista. “Nos duele en el alma la amarga ingratitud del Gobierno Santos hacia Venezuela y su Gobierno que tanto ha hecho por la paz de Colombia”, escribió Iván Márquez en su cuenta de Twitter, cuando el mandatario colombiano dijo que la revolución bolivariana había fracasado. No hay duda. Santos saldrá de la reunión con Trump con una “encrucijada en el alma”.

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