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Opinión

  • | 2014/04/21 00:00

    A Juan Manuel le tocó con la fea

    Hay grandes dudas del trabajo 2002 – 2010. Al parecer no se cumplió a pesar de haberse comprometido grandes sumas de dinero en vigencias futuras.

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Pensar en estos momentos que la seguridad es lo primordial, es creer que los ocho años en los cuales gobernó Álvaro Uribe Vélez no se hizo nada. 

Afirmar que la paz se debe negociar, pero no con impunidad, es dudar de la justicia colombiana lo cual es irónico porque en otras ocasiones y para otros hechos se ha afirmado que en Colombia se respetan las instituciones. 

El presente debe ser la base para el futuro. En su momento cada día, cada mes y cada año que tuvo el periodo 2002 – 2010 también fueron un presente. Por lo que hoy se dice ese presente no sirvió para construir futuro. 

No se pensó que el país podía, por cualquier circunstancia, trabajar y vivir para la paz. Pues es apenas lógico que así haya sido porque según aquellos partidos políticos de oposición, hoy no tenemos los lineamientos para firmar la paz porque el castigo es un punto perentorio y es la condición sine qua non para la firma del documento. Según las exigencias de algunos el castigo de aquellos guerrilleros, que están en la Habana, está por encima de la paz. Pero la idea ha sido estéril y no ha tenido el fertilizante que deje ver su productividad y aplicación. 

El asunto puede tener múltiples interpretaciones. Las circunstancias dejan ver que en su momento se buscaba en el diccionario el significado de la paz y la definición encontrada era: “Acto de matar a jefes guerrilleros y con ello un país es seguro.” A reglón seguido es posible que se haya podido leer: “Así, con los cabecillas muertos, no será necesario construir un ordenamiento jurídico que establezca lo que se debe hacer con ellos porque la impunidad no existirá”. 

Al parecer el concepto de impunidad no tendría cabida a pesar de dejar por fuera la base de los grupos irregulares. 

Bajo ese contexto se perdonaría a los otros guerrilleros no obstante de haber matada, violado, robado, extorsionado y hayan sido cómplice de atentados. De lo anterior se deriva que el resto de delincuentes quedarían en la impunidad. Pero como la impunidad no tendría razón de ser porque los jefes murieron; esa forma de pensar y actuar para los dirigentes del momento sí tenía validez.  
Siendo esa la estrategia se malinterpretaría la paz por cuanto era relacionada con la desaparición de unos cuantos y no con la desmovilización, ajuste o desaparición de conceptos que atormentan la tranquilidad social.

Por otro lado, pensar que la economía entre el 2002 y el 2010 fue próspera y decir que desde el 2010 al 2014 ha decaído, es aceptar que no se construyó capital productivo durante el periodo 2002 y 2010. Si la economía construida fue sostenible y de bienestar aun se deben estar viendo los efectos. No obstante los partidos políticos, aquellos que afirman que las condiciones macroeconómicas no son las adecuadas, se olvidan que las variables macroeconómicas sufren rezagos. 

Para esos partidos es importante entender que las variables macroeconómicas gozan de rezagos de varios periodos. El PIB, la inflación, el nivel de empleo, la inversión, entre otras, emiten respuestas que sólo se pueden observar después de un tiempo determinado. Es por ello que al diseñar modelos económicos hay que considerar lo que se denominan rezagos o retardos. Es apenas lógico toda vez que se requiere de un espacio temporal mientras llega el efecto al total de los agregados macroeconómicos y sólo en cada momento las políticas podrán lograr la estabilización o el crecimiento esperado.

Esta es una característica de la economía, natural por cierto, y ello no depende de los gobiernos. Esta ley permite construir dudas en cuanto a lo planeado y ejecutado entre el 2002 y el 2010. En este orden de ideas se pueden formular hipótesis en torno a la posibilidad de pérdida de muchos recursos financieros. También  podemos preguntar si las políticas y las inversiones se orientaron por una senda de estabilidad económica. Asimismo es muy adecuado examinar por qué hoy estamos tan afanados por construir infraestructura para competir a nivel internacional. Al parecer no se cumplió con ese trabajo entre el 2002 y el 2010 a pesar de haberse comprometido grandes sumas de dinero en vigencias futuras. 

En razón a la urgencia de recursos, puesto que requerimos de manera apremiante aumentar la competitividad, el gobierno ha pensado vender ISAGEN. Pero, dadas las circunstancias y la posición en las que nos han ubicado las calificadoras de riesgo, resultó mejor obtener dinero prestado para invertir. Coinciden los hechos y por ello la venta títulos ha sido la solución inmediata ante la emergencia. Como consecuencia el dólar volvió a perder valor. Una moda ha nacido; buscar recursos en las bolsas internacionales puesto que nuestra economía actualmente no los puede producir. 

Es un buen contentillo afirmar y divulgar que los mercados internacionales tienen confianza en Colombia. Lo que no hemos visualizado es que en más de un caso el capital adeudado es necesario para la construcción de la infraestructura que es requerida urgentemente para los servicios que estamos necesitando los ciudadanos y que no podemos hoy por hoy prescindir de ellos. Estamos obligados a ser uso de ellos y en consecuencia será un flujo de caja seguro por el momento. He aquí la confianza que ven los mercados internacionales.

Ante este ambiente, creo que no es fácil para Juan Manuel el ordenamiento institucional, jurídico y el manejo de la economía.

*Magister en Economía.
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