Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/04/25 12:44

La asamblea sobre drogas: un paso más

Se ha celebrado en Naciones Unidas una Asamblea General sobre las drogas, que aunque no implicó un viraje fundamental de la comunidad internacional, si incluyó postulados que hace tres décadas no se hubieran acogido.

Julio Londoño P.

Este cambio de actitud, aunque limitado, constituye en alguna forma el reconocimiento de una posición que Colombia había venido pregonando de tiempo atrás. 

En los ochenta y en los noventa el terrorismo narcotraficante azoló al país y aterrorizó a todos los colombianos, que estaban expuestos a caer en cualquier momento en medio de una balacera o a ser víctimas de una bomba colocada en un centro comercial, en un carro estacionado, en un hospital o en un avión.

Sin embargo la comunidad internacional, en lugar de afrontar las responsabilidades que le cabían, se limitó a señalar farisaicamente con el dedo acusador a Colombia aduciendo que era un problema que sólo a nosotros competía.

Un alcalde de New York propuso que se bombardeara a Medellín olvidando que en las esquinas de Mahanttan los vendedores de anteojos de sol de contrabando, expendían al mismo tiempo cocaína, mientras que los policías miraban indiferentes hacia otro lado; los países productores de precursores químicos, en lugar de contribuir al control de los envíos que llegaban a Colombia, alegaban que no podían imponer controles a su industria;  otros guardaban cómplice silencio cuando las materias primas para la fabricación de drogas pasaban por su territorio; algunos, con armas y explosivos destinados para los narcotraficantes hicieron importantes negocios; mientras que algunos “vecinos”, servían de puente para el envío de la droga a los Estados Unidos y a Europa dejando millonarias ganancias a altos funcionarios.    

Hubo un importante giro después de que el presidente colombiano Virgilio Barco, abogó en Naciones Unidas por la “responsabilidad compartida” en el problema de las drogas y de que se celebró en Londres, bajo los auspicios de la Primera Ministra Margaret Thatcher, una cumbre entre consumidores y productores en la que el  principio quedó consagrado.

Casi simultáneamente, Nancy Reagan, esposa del Presidente de los Estados Unidos expresó en Naciones Unidas que los norteamericanos “tenían las manos manchadas de la sangre” de unos policías que habían caído abatidos en New York por acción de una pandilla de narcotraficantes.  

Mientras se colocaba a Colombia como un paria, se perdieron veinte años en la lucha contra las drogas. Posiblemente otra sería ahora la situación si se hubiera reaccionado a tiempo.

El documento expedido la pasada semana por la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre las Drogas, aunque fue un tímido e incompleto, en alguna forma reivindica a Colombia.

En nuestro país por más acuerdos solemnes que se suscriban con la guerrilla, no habrá paz mientras sigamos ocupando la poco honrosa condición de ser de los primeros productores de cocaína del mundo.

*Profesor de la facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario

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