Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/05/11 09:51

Glifosato en la frontera

Después de idas y venidas el gobierno dispuso la fumigación manual con glifosato a cultivos ilícitos.

Julio Londoño Paredes.

El  31 de Marzo del 2008, un mes después del ataque por un destacamento de las fuerzas armadas de nuestro país contra un campamento de las FARC ubicado en  territorio ecuatoriano, el Ecuador demandó a Colombia ante la Corte Internacional de Justicia por las aspersiones aéreas realizadas sobre cultivos ilícitos en cercanías de la frontera común, donde se localizaba la mayor parte de la producción mundial de coca.

Alegó que la mezcla utilizada para las aspersiones, a base de glifosato, se había acumulado en su territorio generando graves daños a la población, a la agricultura, a la fauna y al medio ambiente, afectando la soberanía territorial ecuatoriana.

Colombia por su parte presentó estudios de expertos de renombre mundial, de agencias internacionales e incluso testimonios de autoridades ecuatorianas, en los que se demostraba que el glifosato, no se había depositado en el territorio de ese país ni había causado los daños que el Ecuador aducía.

El glifosato es el herbicida más extendido mundialmente y ha sido utilizado durante más de treinta años en ciento treinta países, tanto por agricultores para combatir la maleza que afecta a sus cultivos, como por amas de casa para cuidar sus matas y jardines. Es un herbicida y por lo tanto es tóxico, no obstante que en nuestro país, un Director de la Policía Nacional públicamente tomó una ducha de glifosato y que una funcionaria de un organismo antinarcóticos en una ocasión expresó que era tan inocuo que “se podía tomar una copita” sin causar daño. Ni el ejemplo del baño ni la prueba de la “copita digestiva” tuvieron muchos seguidores. 

Las aspersiones aéreas se utilizaban especialmente en cultivos de cierta extensión o ubicados en zonas de difícil acceso, en los que la erradicación manual resultaba muy riesgosa. Las minas anti personas sembradas en medio de los cultivos y los ataques por grupos armados que los vigilaban, habían causado la muerte o lesiones permanentes a decenas de policías y de erradicadores manuales.    

Sin embargo las aspersiones aéreas no son “populares” ni en el mundo ni en Colombia. Los organismos encargados recibieron frecuentes reclamos de campesinos alegando que las aspersiones habían afectado a sus cultivos lícitos en zonas aledañas, mientras que estudios de ambientalistas y de otros expertos han descalificado el uso del glifosato incluso en fumigaciones manuales. 

En el caso de la demanda contra nuestro país ante la Corte Internacional de Justicia, inusualmente medios cercanos al tribunal de manera informal señalaron la conveniencia  de llegar a un acuerdo entre las partes. Así se hizo y luego de una cuidadosa negociación, Ecuador retiró el caso de la Corte. Esto contribuyo a restaurar las relaciones entre los dos países, afectadas seriamente después del ataque al campamento de Raúl Reyes.   

Como el glifosato sigue siendo utilizado como una de las substancias más efectivas en la lucha contra los cultivos ilícitos, la polémica sobre su uso, en especial en la periferia nacional continuará.

(*) Profesor de la facultad de relaciones internacionales de la Universidad del Rosario

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