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Opinión

  • | 2017/09/16 09:46

    Turbulencias con los Estados Unidos

    Para lograr un ambiente permanente de paz será indispensable reducir el problema del narcotráfico, que no se limita exclusivamente a los cultivos de coca. De otra manera, por más acuerdos que haya, la criminalidad rampante persistirá inexorablemente.

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Se han agitado las relaciones con la administración Trump por el incremento de los cultivos ilícitos y el ingreso a los Estados Unidos de cocaína procedente de nuestro país, que hacen recordar los terribles años, cuando Colombia era señalada por todo el mundo como el único responsable del problema de las drogas.

No obstante que muchos estados, incluyendo a los Estados Unidos, camuflaban sus responsabilidades a pesar de que en las calles de las ciudades colombianas caían acribillados jueces, funcionarios, policías y todo aquél que se atrevía a censurar a los poderosos carteles de la droga y la gente era intimidaba con carro-bombas colocadas en supermercados y otros sitios públicos.

El presidente Santos asignó –mal o bien- a las Fuerzas Militares y a la Policía Nacional, la responsabilidad la erradicación de la coca y el Ministro de Defensa ha hecho anuncios sobre el número de hectáreas erradicadas. No es ni siquiera presumible que una persona de las calidades personales y profesionales Luis Carlos Villegas, se preste a dar datos y cifras ficticias sobre la erradicación de cultivos y la incautación de cocaína, por lo tanto, deben ser exactas.

El incremento de los cultivos ilícitos se adjudica, entre otras cosas, a los acuerdos concertados con las FARC y específicamente a la suspensión de las aspersiones áreas a base de glifosato.  

Aunque el uso del glifosato para las aspersiones ha sido criticado desde hace tiempo, sigue siendo el herbicida más eficaz en el mundo, no solamente en cultivos como arroz, caña y el café, sino en jardines y parcelas domésticas. El problema radica en la concentración y composición de la mezcla que se aplique, así como el sistema que se utilice para la fumigación.

Colombia en el caso la demanda del Ecuador ante la Corte Internacional de Justicia por las aspersiones aéreas en las áreas fronterizas, presentó una sólida argumentación basada en conceptos de instituciones de gran competencia técnica y en opiniones de destacados científicos de relieve mundial, en el sentido de que no afectaban la salud humana, la fauna, la flora, ni el medio ambiente como el Ecuador alegaba.   

Sin embargo, las aspersiones áereas son impopulares. En nuestro país no solamente entre la población y las autoridades civiles en determinadas regiones, sino entre los ambientalistas y defensores de los derechos humanos y algunos aseguran que han afectado su salud, sus animales domésticos y sus cultivos lícitos. En el exterior Afganistán, que era el único que las permitía, las impidió.  

Se utilizaban fundamentalmente en grandes extensiones o en áreas remotas y peligrosas para la erradicación manual. No tienen la virtud de eliminar en forma permanente los arbustos de coca, ya que si fuera así la lucha sería muy sencilla, por lo tanto, las fumigaciones deben repetirse periódicamente para mantener a raya la producción.

De todas maneras, si se pretende generar un ambiente de paz en Colombia, será indispensable reducir el problema del narcotráfico, que no se limita exclusivamente a los cultivos de coca, aunque estos son parte fundamental del problema.  Si no es así, por más acuerdos que haya, la criminalidad rampante así como la corrupción y la descomposición de la sociedad, persistirán inexorablemente.

(*) Profesor de la facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario  

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