Sábado, 21 de enero de 2017

| 2016/04/18 09:33

¿Colombiano en la vecindad?

No es la primera vez que la supuesta nacionalidad colombiana de actores de la política venezolana aparece en el ámbito del vecino país, como una connotación negativa para el que se le adjudique.

Julio Londoño Paredes.

El presidente Maduro hace unos días reaccionó indignado por una crónica aparecida en un programa de televisión en nuestro país en la que se afirmó que él era colombiano, ya que su madre era nacida en Colombia y que de conformidad con nuestra constitución, una persona de padre o madre colombianos tenía la nacionalidad colombiana. Maduro, afirmó enérgicamente que es "caraqueño, venezolano, bolivariano, latinoamericano y caribeño”, pero se abstuvo de referirse a la nacionalidad de su madre.  Consideró además que el hecho “de acusarlo” de colombiano era un paso más de la oposición venezolana para tratar de forzar su salida del poder.   

No es la primera vez que la supuesta nacionalidad colombiana de actores de la política venezolana aparece en el ámbito del vecino país, como una connotación negativa para el que se le adjudique.

A Carlos Andrés Pérez durante su primer mandato, por su interés para concertar un acuerdo sobre la delimitación marítima en el Golfo de Venezuela y por la amistad con el presidente López Michelsen, lo acusaron de “colombiano”. Durante su segunda administración, le hicieron la misma “inculpación” por la dinámica relación que se gestó entre los dos países. Carlos Andrés tuvo que reiterar que había nacido en la población venezolana de Rubio, en la margen derecha del fronterizo río Táchira.  

De Blanca Ibáñez, secretaria del Presidente Lusinchi y de gran influencia en la política venezolana, se dijo también que era colombiana. En medio de fuertes ataques tuvo que viajar a San Cristóbal, cerca de Cúcuta, para exhibir desde una notaría su partida de nacimiento que la acreditaba como oriunda de esa ciudad.

Aunque muchos colombianos han sido bien acogidos en Venezuela: no siempre ha sido así.  A partir de los años sesentas, unos dos millones de compatriotas –cinco millones según Maduro- atraídos por la bonanza petrolera venezolana y huyendo de la violencia en Colombia emigraron hacia el vecino país. En una época, todas las empleadas del servicio doméstico y los trabajadores del agro que laboraban en Venezuela, eran colombianos. Sin embargo concertadamente con las autoridades venezolanas, los patronos frecuentemente los despedían sin pagarles sus salarios y los excluían de los más básicos derechos.

El problema de los “indocumentados” –como los denominaban- que parecía insoluble, “mágicamente” fue solucionado por Chávez, que legalizó a buena parte de ellos, asegurando así su respaldo incondicional.  

Se ha comentado que Maduro habría adelantado consultas para evaluar su eventual salida del poder dejando encargado del mando a un general. Aunque eso es más “pensar con el deseo” que una realidad, la prevención hacia los colombianos no se va a modificar ni con Capriles, ni con López, ni con Corina Machado y ni mucho menos con el general de turno.

Sin embargo, estamos inexorablemente abocados a entendernos. Incluso sobre la actitud ante las decenas de atentados contra el oleoducto Caño Limón-Coveñas, que han causado desastrosos daños a cultivos, bosques y praderas en Colombia, pero también grave contaminación a  los ríos que, aunque naciendo en Colombia van a desembocar en Venezuela, en donde paradójicamente los autores encuentran fácil, seguro y cómodo refugio.

*Profesor de la facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. 

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