Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/06/13 18:24

El nuevo canal de Panamá

En los Estados Unidos, en Europa e incluso en América Latina, muchos pensaron que los panameños serían incapaces de operar y administrar el canal.

Julio Londoño Paredes.

Pocos asuntos han estado tan estrechamente vinculados a nuestra historia contemporánea como el del canal de Panamá.   El próximo 26 de Junio se inaugurará su ampliación que, con un costo de unos US $ 5.250 millones de dólares, triplicará la capacidad de la vía interoceánica.  Cerca de 1.000.000 de buques de diferente tipo y de todas las banderas han pasado por canal desde su inauguración. Unos 15000 lo cruzan actualmente al año.

Mediante el tratado Urrutia-Thomson firmado con los Estados Unidos en 1914, Colombia recibió una indemnización de 25 millones de dólares por la separación de Panamá y obtuvo privilegios para ciertos buques de su bandera que atravesaran el canal.

Muchos años después, cuando el general Omar Torrijos llegó al poder en Panamá, con el lema “no quiero entrar a la historia, quiero entrar al canal”, inició una activa campaña para lograr la entrega del canal y la devolución de la llamada “Zona del Canal” que desde 1903 los Estados Unidos venían ocupando. Ante esa posibilidad, el gobierno colombiano advirtió a Washington que los derechos que le habían sido reconocidos en 1914, debían prevalecer.  Los norteamericanos varias veces adujeron “el respeto del tratado con Colombia”, para demorar las negociaciones con Panamá.

Después de llegar a la presidencia, Alfonso López Michelsen en un acta firmada el 24 de marzo de 1975 manifestó que, una vez concertados un tratado entre Panamá y los Estados Unidos sobre la devolución del canal y otro entre Colombia y Panamá en el que éste le reconociera a nuestro país los derechos estipulados en el tratado de 1914, Colombia renunciaría a “todo derecho otorgado por tratado con respecto a materias de la exclusiva jurisdicción soberana de la República de Panamá”. El general Torrijos se comprometió por su parte a que, cuando Panamá tuviera bajo su control el canal, firmaría con Colombia un acuerdo reconociéndole sus anteriores derechos canaleros.

A López Michelsen se le generaron graves problemas domésticos por ese compromiso: incluso algunos dieron pasos para lograr su destitución. Torrijos sin embargo no olvidó que el gesto había facilitado la devolución del canal y en 1979, durante la administración del presidente Turbay Ayala, se firmó el Tratado de Montería, mediante el cual Panamá cumplió su palabra.

En los Estados Unidos, en Europa  e incluso en América Latina, muchos pensaron que los panameños serían incapaces de operar y administrar el canal: consideraban que era algo así como encomendarle a Chita, la mona de Tarzán, el manejo de una nave espacial. Sin embargo, Panamá no sólo ha demostrado ante el mundo su capacidad y competencia para hacerlo, sino que ha logrado culminar ahora una obra de inmensas proporciones.

Pasarán muchos lustros antes de que el proyectado canal por Nicaragua del señor Daniel Ortega y su socio chino, sea una realidad. Pero de todas maneras, será muy difícil que esa vía, larga y dispendiosa, pueda competir exitosamente con el canal ampliado de Panamá.

Otro tanto puede decirse un proyecto como el del “canal seco” que en febrero de 2011 el Presidente Santos, anunció que se construiría en territorio colombiano en asocio de los chinos y que sería “rival al de Panamá”.   

(*) Profesor de la facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario

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