Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/09/11 12:16

Bayonetas sobre Venezuela

Maduro sabe que con congreso o sin él, los militares son la llave maestra para la continuidad del régimen por eso no ha dudado en colmarnos de privilegios.

Julio Londoño Paredes. Foto: Semana.com

“Toda situación, por mala que sea es susceptible de empeorar” es una de las llamadas “Leyes de Murphy”, que parece ser el diagnóstico del diario acontecer en Venezuela. Ahora el Tribunal Supremo de Justicia, con el visto bueno del “hombre fuerte” de la nación, el General Vladimir Padrino, ha dejado al país sin poder legislativo.

Es bien conocido que desde la fundación de la república, ha existido en Venezuela una evidente prevalencia del poder militar. Hasta el punto que los venezolanos y la comunidad internacional se han acostumbrado a que son los militares los árbitros supremos, no sólo en los asuntos domésticos, sino en la política exterior del país.  

Maduro le ha otorgado al flamante “General en Jefe, Ministro del Poder Popular para la Defensa y Comandante Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana”, todo tipo de poderes, incluyendo el control de los alimentos y de las medicinas y la supervisión del resto de ministros del gabinete. Además, todos los cargos de alguna importancia dentro de la administración pública están siendo desempeñados por militares en servicio activo o en retiro, que en una forma u otra dependen del ministro.

Venezuela desde 1830, ha sido militarista y a la población le han gustado los militares: por algo eligieron y sostuvieron a Chávez. Los gobiernos de turno siempre trataron de politizar a las fuerzas armadas, que en ocasiones eran calificadas de “adecas” y en otras de “copeyanas”. Desde el ascenso de Chávez al poder, con la eficiente asesoría de Cuba, han hecho el tránsito hacia el socialismo.

En uno de los múltiples golpes de estado en Venezuela, el de Noviembre de 1948, fue derrocado Rómulo Gallegos y se formó una junta militar de coroneles uno de los cuales, Marcos Pérez Jiménez, le impuso en 1952 al gobierno colombiano de la época, el reconocimiento de la soberanía sobre los islotes de Los Monjes. La junta encarceló al presidente, a sus ministros, a magistrados y congresistas; cerró el congreso; substituyó la Corte Suprema de Justicia y disolvió el Consejo Electoral. El presidente del congreso, Valmore Rodríguez desde la cárcel escribió el librito “Bayonetas sobre Venezuela” quejándose amargamente del golpe y recomendado quijotescamente a las nuevas generaciones del ejército a abandonar las prácticas golpistas. Desde entonces sólo los actores han cambiado.

Da lo mismo que haya o no congreso y que éste expida o no leyes: el gobierno ha adoptado la práctica de crear hechos cumplidos. El que no esté de acuerdo es un enemigo y el que no comparta la línea chavista, está perdido.

La oposición hace marchas, protestas y proclamas, pero no podrá ir mucho más allá sin el apoyo militar. La disyuntiva no es si Maduro sale ahora, después o no sale, que a la larga es más un asunto formal que práctico, ya que Venezuela irá hacia donde el “General en Jefe” y las Fuerzas Armadas, que son ahora “revolucionarias, antiimperialistas, socialistas y chavistas”, lo indiquen.

Aunque Maduro no es Chávez, ha demostrado que sabe que "Las bayonetas sirven para todo, menos para sentarse sobre ellas” como decia Talleyrand y que los privilegios a los militares son la llave maestra para la continuidad del régimen.   

(*) Profesor de la facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario

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