Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/08/08 09:38

Dinastías, consortes y observadores

Hay países que se caracterizan por haber sido gobernados por regímenes autoritarios o por dinastías familiares.

Julio Londoño Paredes (*) Foto: Semana.com

Un ejemplo fehaciente es Nicaragua. Entre 1934 y 1979, durante cuarenta y cinco años, fue regida por la familia Somoza que se volvió dueña del país. Anastasio Somoza el último gobernante de la dinastía, fue derrocado en 1979 cuando preparaba a su hijo, Anastasio de Jesús de 28 años y apodado “El Chigüin”, para asumir el poder.

El triunfo de la revolución sandinista con Daniel Ortega a la cabeza, fue tan sólo el traspaso de un poder omnímodo a otro de características similares. Las casas de los que habían sido simpatizantes de Somoza y tuvieron que huir, fueron ocupadas casi de inmediato, no por el gobierno, sino por los “líderes de la revolución” con sus amantes y familias; las empresas, las tierras y los puestos públicos se distribuyeron como botín entre los sandinistas.

Desde entonces Ortega, como lo hizo Somoza, fue afianzando su control político y económico en el país, hasta el punto que ahora nada se puede hacer sin tenerlo en cuenta: ni siquiera ser diputado de la oposición, ya que corre el riesgo de ser destituido mediante triquiñuelas por el poder omnímodo del presidente.

De manera que Nicaragua pasó del “somocismo” que duró cuarenta y cinco años, al “sandinismo” o mejor al “orteguismo” que hasta ahora lleva treinta y siete años. Hasta ahora, porque Ortega va a ser reelegido para un tercer período de cinco años y es muy probable que al término del mandato sea sucedido por su esposa, la poderosa y popular Rosario Murillo, que por ahora será su compañera de fórmula como vicepresidenta.

La influencia y la actividad del consorte o de los hijos del mandatario de un país con miras a su propia elección futura, es muy frecuente. Por lo tanto son muy pocos los que podrían “tirar la primera piedra” ante la decisión de Ortega.

En Argentina, el presidente Kirchner y sus amigos promovieron a Cristina Fernández, como su sucesora. En el Perú la esposa del presidente Ollanta Humala, Nadine Heredia, cogobernaba el país y no faltó el esbirro de turno que la propuso para suceder al presidente:la posibilidad sigue abierta. La esposa del expresidente de México Felipe Calderón, Margarita Zavala, que tuvo un enorme poder durante el mandato calderonista, anunció que se presentará como candidata para las elecciones del 2018. En los Estados Unidos uno de los hijos de George H. W. Bush fue también presidente y el otro candidato. Para no hablar de Hillary Clinton, que será la próxima presidenta de la gran nación.

Ortega ha advertido que no permitirá la presencia de observadores internacionales en las elecciones que se avecinan. No importa, ya que se ha vuelto usual que para cualquier elección en un país en desarrollo, llegan múltiples observadores de estados, organismos internacionales, partidos políticos, congresos y asociaciones todo tipo que nada verifican, pero que con su presencia simplemente validan el resultado del proceso electoral.

En ocasiones los observadores extranjeros, ya no en unas elecciones, sino en un proceso de paz, en medio de cámaras de televisión y con cierto tufillo de suficiencia, asumen que son “jueces” y afirman que serán “imparciales”. Cuando su misión no es la de ser “jueces”, sino simplemente la de observar el proceso de conformidad con las reglas del juego que se les ha fijado.

* Profesor de la facultad de gobierno, ciencias políticas y relaciones internacionales de la Universidad del Rosario.

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