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Opinión

  • | 2016/10/10 10:35

    Dos decisiones políticas

    El fallo de la Corte Internacional de Justicia sobre la demanda de las lslas Marshall contra las potencias nucleares y el otorgamiento del Nobel al Presidente Santos son decisiones políticas con diferentes motivaciones.

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La Corte Internacional de Justicia en un fallo netamente político, el 5 de octubre se declaró incompetente para asumir la “quijotesca” demanda de la diminuta “República de las Islas Marshall” contra la India, Pakistán y el Reino Unido, por el no cumplimiento de las obligaciones sobre cesación de la carrera armamentista y el desarme nuclear. Las demás potencias nucleares, como no han aceptado la competencia del alto tribunal, no fueron demandadas.

Los habitantes de islas Marshall fueron víctimas desde 1946 de decenas de ensayos nucleares de los Estados Unidos, incluyendo el de la “bomba de hidrógeno” en 1954 en el atolón de Bikini, -mil veces más poderosa que la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima- que expuso a los residentes en islas a altas dosis de radiación y generó una contaminación irreversible en la región.

Las Marshall sostuvieron ante la Corte que, aunque ninguno de los tres países demandados es parte del tratado sobre No Proliferación de las Armas Nucleares, la obligación de cesar la carrera armamentista nuclear, que está incluida en dicho instrumento, hace parte del derecho internacional consuetudinario y que por lo tanto de todas maneras los vincula.

Aunque el alegato de las islas Marshall tenía indudable fuerza jurídica, como en la Corte hay jueces de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, China, Rusia, que tienen una posición dominante en el tribunal, éste por nueve votos contra siete, decidió que no tenía competencia. De otra manera, se hubiera podido producir un fuerte “remezón” mundial.

También en una decisión política, el 7 de Octubre, el Premio Nobel de Paz fue otorgado al presidente Santos. Ahora ni el gobierno ni las FARC podrán decirle a la comunidad internacional, que “no se pudo” lograr un acuerdo aceptable para la mayoría de los colombianos.
Noruega como mediador del proceso, como lo hizo en Suráfrica, jugó el otorgamiento del premio como carta de emergencia para presionar la concertación del acuerdo después del resultado del plebiscito.

En Guatemala, donde Noruega fue igualmente mediadora, le otorgaron el Nobel a Rigoberta Menchú: no obstante, el acuerdo fue descalificado tiempo después por un plebiscito.

De la misma manera, luego de haber impulsado las negociaciones secretas entre árabes e israelíes en Oslo, otorgaron el Nobel a Shimon Peres e Isaac Rabin, conjuntamente con Yasir Arafat. Sin embargo, la paz en el Medio Oriente, no se ha podido alcanzar.

Igual distinción recibieron Frederik de Klerk y Nelson Mandela cuando las negociaciones para acabar con el apartheid estaban en una encrucijada y existía la posibilidad que entraran en crisis.

El otorgamiento del premio Nobel, constituye sin duda un éxito personal para el Presidente Santos, una buena noticia para Colombia y para la búsqueda de la paz. No puede negarse la tenacidad del primer mandatario para lograr el acuerdo, comprometiendo para ello todos los recursos disponibles del Estado.

Como algunas críticas se han formulado por no haber incluido a la contraparte en el otorgamiento de tan alta distinción, vale la pena señalar que existe alguna diferencia entre Nelson Mandela y “Timochenko”…

* Profesor de la facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

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