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Opinión

  • | 2016/11/05 18:08

    ¿Machismo o desencanto en los Estados Unidos?

    Cualquiera que sea el resultado de las elecciones el triunfador tendrá el reto de cambiar ante la opinión pública el mal sabor de la campaña presidencial.

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Como es lógico, existe expectativa mundial por el resultado de las elecciones en los Estados Unidos. Con un candidato como Trump, no ha debido haber mayores dudas que Hillary Clinton sería la segura triunfadora.

Sin embargo, en una de las últimas encuestas adelantada por el New York Times y la cadena CBS, la diferencia era de apenas tres puntos. Aunque en otras el margen es mayor a favor de la señora Clinton, lo preocupante es que la gran masa de los votantes, no demostró entusiasmo por ninguno de los dos candidatos y consideró que ambos habían incurrido por lo menos en inexactitudes que no puede tener un jefe de estado.

El caso de los correos de Hillary Clinton cuando era secretaria de estado la ha perjudicado. No tanto por el hecho en sí, sino porque algunos afirman que en su momento no dijo toda la verdad, lo que no es aceptable en alguien que manejaba las relaciones internacionales de un país como los Estados Unidos.

Entre las muchas explicaciones que se han dado sobre la situación de Hillary, hay algunas que afirman que existe una gran dosis de machismo y que los Estados Unidos no están preparados aún para tener a una mujer como presidenta.

Al tiempo que su Santidad Francisco en recientes declaraciones, no en materia política exterior en la que no siempre emula con Henry Kissinger, sino en asuntos doctrinarios, afirmó que las mujeres nunca podrían ser sacerdotes y que las cenizas de los cremados debían estar en “lugares adecuados”, seguramente en una iglesia como una modalidad de la edad media, no a la sombra de una acacia o al pie de un rosal.

Resulta curioso que una mujer pueda ser primera ministra de Israel en el momento más crucial de la historia del país; primera ministra de Inglaterra o de potencias nucleares como la India o Pakistán; o jefe de gobierno de Alemania dictando a la vez pautas económicas y políticas a toda Europa, a la OTAN y al mundo; incluso, presidenta de algunos países conocidos de Su Santidad, como Argentina, Brasil o Chile.

No obstante, que una mujer no puede ser párroco en Mesitas del Colegio en Cundinamarca o en Piojó en el departamento del Atlántico.

Hillary Clinton no podrá dejar la impresión de que su esposo, por más popular y acertado que haya sido, asumirá el papel de Néstor Kirchner con su esposa y sucesora en Argentina, o de Lula da Silva con su pupila Dilma Rouseff en el Brasil.

Trump, tendría que empezar por convencer a su país y al mundo que no es tan sólo un personaje locuaz e intemperante identificado por su insaciable vanidad, que es tan mala consejera, sino que es capaz de gobernar a los Estados Unidos.
De todas maneras, en sus peroratas teatrales no estaría solo, ya que se encontraría con Maduro en Venezuela, que usa un lenguaje parecido y que ahora da clases de salsa por televisión.

Entre tanto Daniel Ortega “como quien no quiere la cosa”, como dice el adagio, logra un nuevo mandato en Nicaragua asegurando así que el régimen sandinista perdure por lo menos otros cinco años, dejando regados a Trujillo, a Batista y… a Robert Mugabe en Kenya a quien tanto atacan por tratar de perpetuarse en el poder, cuando sólo gobierna desde 1987 y no desde 1979 como su colega nicaragüense.

Vaya, vaya…

* Profesor de la facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.

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