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Opinión

  • | 2016/07/25 10:05

    Pugnas olímpico-políticas

    El número de medallas olímpicas logradas, especialmente las de oro, se consideran frecuentemente como termómetro del prestigio de los países.

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Hace 80 años, el 1° de Agosto de 1936, se inauguraron los juegos olímpicos de Berlín, que pasaron a la historia, no precisamente por los eventos que se llevaron a cabo.

La sorpresiva aparición sobre el estadio del majestuoso dirigible Hindenburg orgullo de Alemania, con el emblema nazi en la cola, pocos minutos antes del triunfal ingreso del “Führer” en medio del clamor de una “selecta” y vociferante muchedumbre, no sirvió para minimizar la humillación que para él y para el Tercer Reich, significó el triunfo del atleta negro norteamericano Jesse Owens que ganó las carreras de 100 y 200 metros y de 4 x 100, así como la competencia de salto largo.

Los triunfos de Owens fueron premonitorios de la falacia de la superioridad de la raza aria y de la invencibilidad de Alemania.

En 1972 los récords en los juegos olímpicos en Munich no merecieron mayor atención, ya que la opinión mundial quedó conmovida por el asesinato a sangre fría de nueve atletas israelíes por fanáticos palestinos, en una acción transmitida en vivo y en directo por televisión. Las simpatías se volcaron hacia Israel y la causa palestina experimentó, como me lo dijo alguna vez Arafat, un serio deterioro que sólo después de muchos esfuerzos logró neutralizar.     

En 1980 en plena Guerra Fría, se celebraron los XXII juegos en la Unión Soviética. Cuando todos se aprestaban para el magno evento, los Estados Unidos resolvieron boicotearlos como represalia por la ocupación soviética de Afganistán. Se adelantó una presión política sin precedentes por Washington, para que los países no asistieran. Cincuenta estados atendieron “la recomendación” norteamericana.

El Presidente Turbay Ayala decidió que Colombia estuviera presente. Entre los latinoamericanos no acudieron Argentina, Bolivia, Chile, El Salvador, Haití, Honduras, Panamá y Uruguay: estaban en boga las dictaduras militares en el continente.

En 1984, la sede fue Los Ángeles. En respuesta a la acción de cuatro años atrás, la Unión Soviética trató de hacer lo mismo.  Los países de la Cortina de Hierro, no asistieron por orden de Moscú, que organizó en algunos de sus satélites los “Juegos de la Amistad” a los que concurrieron 49 países. Atendiendo las insistentes invitaciones y facilidades ofrecidas por los soviéticos, Colombia estuvo presente con Brasil, Nicaragua y Venezuela.  

Putin ha demostrado su habilidad, al lograr que Rusia fuera la sede de los juegos olímpicos de invierno en Sochi y del campeonato mundial futbol en 2018. Ahora afronta el escándalo del dopaje oficial de sus atletas seleccionados para viajar a las olimpiadas en Río de Janeiro. Los funcionarios que patrocinaron esa práctica, seguramente pensaron que una victoria olímpica, consagraría a Putin como el gran líder mundial.

Especialmente cuando los Estados Unidos, en medio de la abulia, se encaminan hacia unas elecciones en las que Hillary Clinton no arrastra, pero que sus opositores no quieren a Trump; el Reino Unido afronta el costo de una decisión de la que ya están arrepentidos; Hollande está desbordado por el terrorismo; y, la señora Merkel es severamente cuestionada por su política migratoria.

¿Consolidará China con el deporte su creciente poderío político y militar en medio de la crisis del Mar de la China?  ¿Seguirá estando Cuba, entre los primeros en el medallero olímpico? ¿Qué sucederá en el juicio contra Dilma Rouseff cuando Brasil, después de la euforia olímpica comience a digerir las secuelas económicas y sociales de los juegos? ¿Qué será de la Venezuela entrenada por los cubanos?

El número de medallas olímpicas logradas, especialmente las de oro, se consideran frecuentemente como termómetro del prestigio de los países. Veremos cuántas preseas obtendrá en esta ocasión Colombia en la antesala de los acuerdos de La Habana y del plebiscito.

(*) Profesor de la facultad de gobierno, ciencias políticas y relaciones internacionales de la Universidad del Rosario

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