Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/04/04 09:19

¿Con el ELN hacia la “convención nacional”?

Antonio García, jefe guerrillero, ha afirmado que la negociación “no puede ser sólo entre el ELN y el Gobierno” y que “los acuerdos deben llevar a restablecer un nuevo consenso social”.

Julio Londoño.

El anuncio de que el gobierno y el ELN emprenderán negociaciones, ha estado acompañado de un despliegue publicitario sin precedentes derivado de la premisa que el acuerdo con las FARC es un hecho y que era esta la pieza que faltaba dentro del rompecabezas de la paz. 

No obstante que el secuestro, las minas antipersonas y la voladura de oleoductos han estado entre las prácticas del ELN, paradójicamente desde obispos, parlamentarios y empresarios, hasta académicos, líderes sindicales y gobernadores, han tratado siempre de estar presentes en la negociaciones con ese grupo armado. También el ELN ha contado con las simpatías de algunos gobiernos, sin contar el de Cuba que ha sido su mentor, ni el de Venezuela que le ha facilitado refugio. 

¿Cómo se puede explicar esa actitud hacia el ELN? ¿Acaso por el ancestro clerical y universitario de algunos de sus miembros? ¿Tal vez porque afirmaba que no tenía vinculación con el narcotráfico, a pesar de que luego se demostró lo contrario? ¿O acaso porque el grupo armado era considerado como un “problema menor” en comparación con las FARC?

Al inicio del proceso de paz en la administración Pastrana, los encuentros con el ELN en México, Alemania y Caracas tuvieron más un efecto publicitario que un avance real. Sin embargo el mandatario colombiano realizó una visita oficial a Cuba y en la sobremesa de una cena en palacio, salpicada de un buen vinillo obsequio del Jefe de Gobierno español y entonando al unísono con Fidel Castro el himno de la comunidad jesuita, le solicitó al Comandante su ayuda para adelantar negociaciones con el grupo armado.

También en esa ocasión en un almuerzo privado, Castro le presentó a Pastrana a un invitado que se encontraba “casualmente” en La Habana: Hugo Chávez. Como sucedía antes cuando los padres en un matrimonio concertado dejaban en la sala a la pareja para que se conociera, Castro se retiró discretamente a su despacho contiguo y dejó solos a “Andrés y a Hugo Rafael”, como siguieron llamándose desde entonces los dos presidentes. 

Las negociaciones se formalizaron al poco tiempo. Se celebraban regularmente en La Habana y ocasionalmente en la Serranía de San Lucas, en la de Perijá o en territorio venezolano. Durante el gobierno del presidente Uribe el proceso continuó en Cuba en el marco de una cordial relación entre el mandatario colombiano y Fidel Castro.

El planteamiento del ELN fue siempre que el objetivo de las negociaciones debía ser el de establecer las modalidades de una “convención nacional” en la que debían participar entre otros, campesinos, indígenas de zonas petroleras, cultivadores de coca, sindicatos, empresarios, líderes comunales y grupos armados para deliberar sobre los problemas nacionales y formular propuestas que el Estado debía implementar.

En la etapa que se abre ahora después de múltiples contactos, la cabeza del grupo gubernamental ha señalado que “la agenda con el ELN es madura y no habrá sorpresas”, mientras que Antonio García, el jefe guerrillero, ha afirmado que la negociación “no puede ser sólo entre el ELN y el Gobierno” y que “los acuerdos deben llevar a restablecer un nuevo consenso social”.

Parecería entonces que las negociaciones marcharán hacia la “convención nacional”. Falta ver cómo empataría ésta con los acuerdos con las FARC.  

*Profesor de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario

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