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Opinión

  • | 2013/11/05 00:00

    La dama de la justicia no está vendada

    La justicia debe ser el tema número uno de la agenda estatal, no debe ser un tema de gobierno sino de Estado, no puede ser un objetivo electoral.

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Con los acontecimientos de la semana pasada sobre el magistrado Villarraga, hace unos meses con el escándalo de los viajes de nuestros honorables magistrados de la Corte Suprema o el fracaso de la reforma a la justicia del gobierno Santos, los colombianos volvimos a sorprendernos del estado de la justicia en Colombia, comenzamos a hacer reflexiones y elucubraciones de lo mal que estamos.

La crisis de la justicia no es nueva en Colombia, ha mutado, se ha diversificado pero ha estado ahí por mucho tiempo y sin control. Fallidos intentos lo demuestran al tratar de reformarla sin éxito, con excelentes diagnósticos, con acompañamiento de ilustres y honestos juristas, con organizaciones dedicadas a velar por ella y no hemos sido capaces de reformarla. ¿Quién tiene la respuesta? ¿De quién depende?

Ulpiano decía "La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno su derecho"…"vive honestamente, no hagas daño a nadie y da a cada uno lo suyo”. Después de leer esta frase nos preguntamos qué ha pasado. En Colombia no podemos dar a cada uno su derecho con altos niveles de congestión judicial, donde la tutela es pan de cada día, con 60 % de hacinamiento carcelario, con medidas de aseguramiento subjetivas, con funcionarios corruptos, etc.

Retomemos a Hans Kelsen quien decía “la Justicia es aquello cuya protección puede florecer la ciencia, y junto con la ciencia, la verdad y la sinceridad. Es la Justicia de la libertad, la justicia de la paz, la justicia de la democracia, la justicia de la tolerancia”. Si entendemos a profundidad esta frase, nos damos cuenta del gran significado de la justicia, que una sociedad sin justicia no tiene paz, no tiene futuro.  La justicia no se improvisa con reformas, o en respuesta a escándalos mediáticos y superficiales, se debe construir cada día, con las personas y los gobiernos. 

A través de la historia, siempre se le ha dado un gran valor a la justicia, por ello es desconcertante e indignante que no sea un tema esencial hasta que la crisis no estalla en el país. La justicia debe ser el tema número uno de la agenda estatal, no debe ser un tema de gobierno sino de Estado, no puede ser un objetivo electoral, debe trascender a los períodos de gobierno y a los intereses políticos de turno. No podemos permitir una justicia politizada y encarcelada, necesitamos jueces pulcros, transparentes que representen esa dama de la justicia vendada. Objetivos, imparciales y honestos. Eso no significa que no los haya, claro que los hay, el problema es que los pocos casos afectan la imagen y el buen nombre de los que sí representan dignamente la honorabilidad de la justicia.

Colombia requiere urgente una reingeniería de la justicia, que incluya menos burocracia y más eficiencia, recursos necesarios y adecuados para su funcionamiento, capacitación y tecnología para sus funcionarios. Revisión profunda al sistema penal acusatorio, al sistema de infancia y adolescencia, a los delitos menores. Pensar en la formulación de penas alternativas, dejar la costumbre anticuada de “todo es cárcel”, sin reformar al individuo y generando hacinamiento.

Hay que pensar en cambiar los mecanismos de elección de magistrados y a quien eligen. Es necesario acabar con el “tú me eliges yo te elijo”. Elecciones meritorias y de carrera estricta, donde la academia juegue un papel esencial. Garantizando acceso a la justicia al 100 % de los ciudadanos en un 100 % del territorio.

Estas son algunas apreciaciones que vale la pena tener en cuenta, el diagnóstico está hecho, los implementadores están listos, pero se requiere voluntad política de reformar y de dejarse reformar. ¿Cuándo llegará ese momento?, ¿requeriremos de asamblea constituyente para ello? Necesitamos un mandato popular directo, el ejecutivo y el legislativo ya fracasaron en el intento, el pueblo colombiano debe exigir esta transformación antes que cualquier otra.

En este momento más que el proceso de paz con las FARC prima la necesidad de reestructurar la justicia. Porque sin justicia no hay paz, ni seguridad, ni tranquilidad….sólo caos e incertidumbre. En un país sin justicia no se vive se sobrevive, nadie quiere visitar, ni invertir. La ausencia de justicia afecta todas las dimensiones de una nación, la social, la política, la económica, etc.

No olvidemos “La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales”, Jhon Rawls.

*Directora Observatorio Drogas Ilícitas y Armas
Universidad del Rosario
Twitter: @vmanriquezul
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