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Opinión

  • | 2016/04/01 15:16

    Mi última cita zon Zaha Hadid

    La fallecida arquitecta, diseñadora del Centro Acuático de Londres, estaba concretando la realización de un ambicioso proyecto urbanístico en Colombia.

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Estaba en la oficina de  Dame Zaha Hadid, cuando sonó el teléfono anunciando su muerte. Días antes, habíamos concretado la posibilidad de avanzar con ella y su oficina, en la realización de un proyecto de renovación urbana en el país. Teníamos todo listo para comunicarnos por Skype, pero cuando se supo la noticia, todos comenzaron a gritar. Y es que a ganadora del premio Pritzker en 2004, que estaba siendo tratada por una bronquitis en un hospital de la Florida, tenía una doble condición: era genial y carismática. Zaha tiene en su legado importantes obras como El Centro Acuático de Londres, construido para los Juegos Olímpicos de 2012; el Museo Nacional de Arte del Siglo XXI en Roma, y el Centro de Arte contemporáneo Rosenthal, en Cincinnati, Estados Unidos.

Desde la Universidad, por la que pasamos juntas, Zaha se consagró además como una destacada diseñadora de joyas, barcos, ropa y muebles. Nos conocimos cuando yo estudiaba un posgrado en la Architectural Association en Londres. Desde esa época ya daba seminarios y exhibía sus pinturas, auspiciada por Alvin Boyarsky, arquitecto judío-polaco  y director de la escuela en la que se han formado grandes arquitectos del mundo.

En ese entonces ser mujer y musulmana no era fácil y menos rompiendo esquemas. Su carrera fue fantástica. En uno de nuestros últimos encuentros, pocos días antes de su inesperada muerte, habíamos hablado sobre el interés que ella siempre tuvo en Colombia. Incluso, le pareció interesante la posibilidad de traer parte de sus obras de diseño a una exposición en Bogotá.

Hadid, quien siempre trató de romper los esquemas de la arquitectura, y hablaba de la necesidad de repensar los límites físicos de las construcciones y convertir los edificios en paisaje, será recordada como un hito mundial no solo por la genialidad de sus obras, sino por la valentía con la que asumió su rol de mujer musulmana. Después de haber hablado varias veces en la semana, el pasado jueves el teléfono sonó puntualmente a la hora que habíamos acordado. Pero esta vez no fue para trabajar, sino para anunciar su muerte. La arquitectura la extrañará.

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