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Opinión

  • | 2014/02/05 00:00

    Compromiso por la paz eterna

    Japón, un país democrático, que ha contribuido firmemente a la paz mundial después de la guerra.

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La columna escrita por el señor Wang, Embajador de la República Popular China en Colombia, publicada el 17 de enero, forma parte de una campaña organizada por las embajadas chinas en todo el mundo, con el fin de perjudicar la imagen pacifista del Japón, lo cual me ha decepcionado. Esta columna es una explicación unilateral que discrepa de los hechos y puede causar mal entendimiento entre los lectores. Por eso, quisiera explicarles claramente.

En el Santuario de Yasukuni están consagradas alrededor de 2,460,000 almas de las personas que dieron su vida por la patria desde 1853, sin distinción de rango ni sexo. La visita del Primer Ministro Abe al Santuario tuvo como fin realizar un compromiso de no volver a hacer la guerra nunca más, basándose en los fuertes remordimientos por el pasado, y con una determinación de “construir una era libre de los sufrimientos de la devastación de la guerra”. También visitó Chinreisha, un monumento conmemorativo del mismo recinto que consagra también las almas de tanto los nacionales como los extranjeros que perdieron su vida en las guerras pero que no están consagrados en el Santuario de Yasukuni.

Esta idea está claramente expresada en la declaración “compromiso por la paz eterna” emitida por el Primer Ministro justo después de la visita. (Vea la declaración)


No ha habido ningún cambio en la Administración Abe sobre la concepción de la historia ni las actitudes diplomáticas. La comunidad internacional reconoce de manera unánime que el Japón ha abogado constantemente por la libertad, la democracia y el imperio del derecho en la posguerra. La argumentación china de “está en contra de la corriente de la historia y el desarrollo de la civilización humana” no tiene ningún fundamento. Japón nunca ha dudado en el orden internacional de la posguerra y ha venido acatando el Tratado de Paz de San Francisco cabalmente. 

Cabe destacar que después de la normalización de las relaciones diplomáticas con China (en 1972), Japón ha llevado a cabo la cooperación económica para China por una suma de 3.6 billones de yenes (suma total a partir de 1979), contribuyendo al desarrollo de ese país.

Por otra parte, en cuanto a China, se desea que cese su incremento del presupuesto militar no transparente y drástico así como el desafío con el uso de la fuerza para cambiar el statu quo unilateralmente, en el Mar de China Meridional y el Mar de China Oriental, y que contribuya al mantenimiento y al desarrollo de la paz a través del cumplimiento del derecho internacional, incluidas la libertad de navegación y la libertad de sobrevuelo.

Japón aclara repetidamente que, mientras el Gobierno del Japón, de manera resuelta y calmada, hace frente al intento unilateral y por la fuerza de China de cambiar la situación actual, también está dispuesto a seguir manteniendo comunicación con el Gobierno de China para mitigar la tensión. 

El Gobierno del Japón, de aquí en adelante, está dispuesto a hacer una contribución más activa para la paz y la estabilidad regional y mundial, como “contribuyente proactivo por la paz” basándose en el principio de cooperación internacional. La paz no se logra a través de campañas políticas, sino que se logra a través de la libertad, la democracia, el imperio del derecho internacional y el entendimiento mutuo con diálogo. Japón está abierto para dialogar con China y espero que China se siente frente a frente con Japón.
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