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Opinión

  • | 1999/06/14 00:00

    KOSOVO COMO PARABOLA

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Kosovo? Hace un par de años nadie sabía que existía Kosovo. De la misma forma como
antes de los años 80 nadie sabía que existía El Salvador; o antes de los años 60 nadie había oído hablar de
Vietnam; o antes de los años 50 nadie sabía dónde quedaba Corea. Son todos lugares muy pequeños,
incrustados en lo más recóndito de la geografía mundial, que salieron de su histórico anonimato gracias a
que sus conflictos internos afectaron los intereses de las grandes potencias, como quien pisa la cola de un
león dormido. Las guerras de Corea, Vietnam y El Salvador fueron así una prolongación armada del pulso
ideológico entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Hoy, la guerra es en Kosovo. Una lágrima de
territorio en los Balcanes es el punto de tensión de la geopolítica mundial. Pero más allá de lo que hemos
visto hasta ahora sobre la guerra tecnológica y multimedia, Kosovo es un interesante microcosmos
donde se está definiendo el nuevo equilibrio de poder internacional. Y también es un preámbulo de para dónde
va este nuevo desorden mundial de la posguerra fría. Los tres misiles 'inteligentes' que destruyeron por
error la embajada china en Belgrado fueron un fuerte puntillazo a unas relaciones sino-estadounidenses que
vienen en abierto deterioro. Y cuya explicación no es otra que el posicionamiento de China como una
nueva potencia. Episodios como la financiación ilegal de la campaña de Clinton con fondos de los servicios
de inteligencia chinos, el escándalo de espionaje en un laboratorio de armas nucleares de Nuevo México y
la revisión de la venta de satélites comerciales al gobierno de Pekín, han puesto sobre el tapete el peligro que
representan las ambiciones chinas para los intereses estratégicos de Estados Unidos. Tanto es así que
entre ciertos republicanos ya se percibe una incipiente paranoia roja que hace recordar las primeras salidas
en público del senador McCarthy contra el espionaje estalinista. Estos recientes altercados diplomáticos
entre Washington y Pekín son, además, señales premonitorias de que no vamos hacia un mundo unipolar,
jalonado por la supremacía solitaria del Tío Sam, sino hacia un mundo multipolar con tres grandes puntos
de apoyo: Estados Unidos, China y la Unión Europea. El incidente militar de la embajada china envía otro
mensaje: la inteligencia estadounidense no es como la pintan en sus taquilleros largometrajes policíacos.
La causa de tan estúpido error debe tener a Saddam Hussein frotándose las manos. Los mapas que la CIA
le remitió al Pentágono con los blancos resaltados en rojo eran de 1996 (¡1996!). Todos en Belgrado _hasta
los mapas turísticos_ sabían que la embajada china se había trasladado de sede hacía tres años, menos los
cartógrafos de la CIA. (Mala noticia, pues, para los colombianos que creen que el problema de la guerrilla se
acaba con programar un misil Tomahawk con las coordenadas de Caquetania). Kosovo también ha puesto a
prueba a una Unión Europea que ni ha ejercido un liderazgo político ni ha demostrado su capacidad militar.
Su papel se ha limitado, grosso modo, a alinearse detrás del puño bélico de la nueva dama de hierro,
Madeleine Albright. A pesar de que el polvorín de los Balcanes lleva ardiendo en su antejardín casi una
década, sus desacuerdos internos y su falta de autoridad obligaron a que Estados Unidos asumiera el
control y liderara las intervenciones militares. Primero con Bosnia y ahora con Kosovo, la Unión Europea
tuvo la oportunidad de posicionarse como una fuerza política y militar capaz de impulsar una nueva
'Identidad Europea de Seguridad y Defensa'. Pero sucedió todo lo contrario. Su falta absoluta de liderazgo
reveló que la Unión Europea es más una realidad económica que una cohesionada fuerza política o un
disuasivo gendarme regional. El conflicto de Kosovo despejó también otra duda. Dentro del nuevo
'intervencionismo humanitario' más vale ser una amenaza para las grandes potencias. En Ruanda el millón de
muertos entre hutus y tutsis no fue suficiente para conmover a los miembros de la Otan. Tampoco lo han
sido los crímenes de lesa humanidad contra el pueblo kurdo. O el millón de desplazados _más que en
Kosovo_ que ha dejado la violencia en Colombia. El imperialismo moral de la nueva 'doctrina Albright' está
estratificado según los intereses geopolíticos de la Casa Blanca. Bueno, nada nuevo en su política exterior.
Pero eso sí, cada vez más lejos de los nobles valores que cada día predican con más ganas y cada vez
más cerca del mundo maquiavélico y frío de la realpolitik. Hoy, todo el mundo ha oído hablar de Kosovo,
aunque pocos saben donde queda. En estas clases de geografía por correspondencia, Colombia no
necesita, como Kosovo, Bosnia o Corea, una intervención multilateral para darse a conocer. Todo el mundo
ha oído hablar de nuestro país. No tanto por la droga o Juan Valdéz, sino por el autogol que mató a Andrés
Escobar.
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