Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/06/22 14:20

Carlos Velandia: la paz personificada

La detención el lunes por la noche de Carlos Velandia en el aeropuerto de El Dorado es una grave noticia.

Kristian Herbolzheimer Foto: Casa Asia

Resulta del todo incomprensible para quienes conocemos la apuesta y el compromiso inquebrantable de Carlos por la paz en Colombia. Y, al mismo tiempo, envía un dardo envenenado a las mesas de negociaciones con un mensaje preocupante: no hay garantías jurídicas para la reincorporación a la vida civil para quienes dejan las armas.

Carlos Velandia –tal vez más conocido por su alias Felipe Torres cuando era comandante del ELN- cumplió con la justicia pasando 10 años detrás de rejas. Desde que recobró su libertad, en 2004, se ha dedicado en cuerpo y alma a contribuir a la paz y a la reconciliación en el país.

Poco después de salir de prisión se afincó en Barcelona. Con el conocimiento de los gobiernos de Colombia y de España se integró en el programa Colombia de la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona que yo coordinaba, bajo la dirección del profesor Vicenç Fisas.

Con la seguridad de la distancia física del conflicto armado, y en un entorno académico encontró un espacio para el análisis y la reflexión, con una mirada en el aprendizaje comparado con otros procesos de paz en el mundo. Allí, también fue articulando su mensaje de contundente rechazo a las violencias y su llamamiento público a terminar la guerra.

Desde su regreso a Colombia en 2011 ha participado en cuanto evento de paz se haya celebrado. Pero más allá de sus contribuciones públicas como analista, comentarista, columnista y asesor estos últimos años ha sido noticia por sus gestos de reconciliación, pidiendo perdón públicamente a víctimas de actos del ELN. También ha persistido en la importancia del diálogo con las voces críticas con el proceso de paz, lideradas por el expresidente Uribe, con quien siempre ha mantenido diferencias desde el respeto.

A pesar de todo, Carlos ha tenido que lidiar con el estigma y la incomprensión que recae sobre quienes le apuestan a romper la polarización. Desde su salida de la prisión el ELN repetidamente le ha dado la espalda en sus esfuerzos de paz, con comunicados públicos que en momentos parecían buscar la humillación de su antiguo compañero. Paradójicamente, varios medios relatan su reciente detención precisamente como un golpe al ELN.  

La detención de Carlos se produce cuando parece inminente el cese bilateral del fuego con las FARC, el hito más decisivo hasta le fecha en las negociaciones de la Habana. Es un momento muy delicado, cuando falta poco para que se formalice el fin de la guerra y la transición de las FARC a la política sin armas; y cuando el Gobierno y el ELN lidian para superar las desconfianzas que les impiden iniciar sus diálogos de paz. Las garantías de seguridad son precisamente uno de los escollos más delicados en ambos procesos.

La pronta resolución de la situación jurídica de Carlos es fundamental, por justicia con su persona, y para no perturbar más un proceso de paz que de por sí ya es muy complejo.

kherbolzheimer@c-r.org

 

 

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