Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/07/10 00:00

La 007 de Serpa

Hay una cosa que no entiendo: ¿Al fin Horacio Serpa se retiró o no de la Dirección Liberal? El insiste en que sí, pero sigue siendo el director del Partido Liberal.

La 007 de Serpa

Hay una cosa que no entiendo: ¿Al fin Horacio Serpa se retiró o no de la Dirección Liberal? El insiste en que sí, pero sigue siendo el director del Partido Liberal. Su última orden es la 007, que le prohíbe al liberalismo oficialista colaboración en el próximo gabinete del presidente Pastrana, en momentos en que la crítica situación del país y la poca

gobernabilidad presidencial están pidiendo a gritos que se amplíen los círculos de la política.

¿Qué será lo que realmente quiere Serpa?

La primera posibilidad que puede haber detrás de la 007, es la de que sea cierto que Horacio Serpa no considera ni adecuado, ni válido, ni útil, ni conveniente, ni provechoso, que el oficialismo liberal entre al gobierno para participar en la responsabilidad de resolver el embrollo nacional. Como irónico antecedente para avalar la posición serpista, si es que esta es la verdadera, podría mencionarse que Andrés Pastrana logró una fuerte consolidación política cuando, pese a la invitación de Samper a que su movimiento ingresara al gobierno en uno de sus peores momentos de gobernabilidad, Pastrana dijo tajantemente que no.

Pero el país está tan mal, que habría que interpretar que detrás de la 007 de Serpa podría haber solamente un cierto ‘retrecherismo’ del dirigente liberal. Es decir, que podría estarse haciendo de rogar, ‘cañando’ para consolidar su liderazgo y hacer notar la necesidad que el gobierno que lo derrotó tiene de que él autorice la participación liberal para abrir las compuertas de una gobernabilidad.

La tercera posibilidad es que Serpa esté preocupado de que la invitación de Pastrana al Partido Liberal termine creciendo a posibles contendores suyos para la candidatura presidencial, y desde ahora trabaja para hacerlos quedar como unos ‘lentejos’.

De Alvaro Uribe sólo tenemos constancia de la forma seria y responsable, y hasta bien discreta, como trabajó para encontrarle una salida a la propuesta presidencial de la revocatoria del Congreso. Mientras algunos sostienen que ya lo han palabreado y que no aceptaría, otros no descartan que lo haga para ‘quitarse el olor a pólvora’, que en Uribe Vélez es injusto y que lo ha perjudicado en su potencial político.

Mientras tanto, Juan Manuel Santos está demasiado callado, como si ya lo hubieran palabreado.

En contraste, Júnior Turbay está hablando demasiado: “No aceptaré ministerio”, asegura, lo que indica que todavía no lo han abordado.

Hay dos maneras de ver la colaboración política. Una es la bonita, la ideal, la que debe convocarse por parte de los gobiernos cuando el país atraviesa grandes crisis y que no tiene nada que ver con el apetito burocrático. Según ella, cuando alguien es llamado por el gobierno de turno para colaborar desde un ministerio, no debe pensar como hombre de partido sino como ciudadano colombiano y aceptar como servidor público.

La otra manera de ver la colaboración política es la versión burocrática. Serpa es el jefe de la maquinaria liberal que no sólo quiere la burocracia sino que la necesita. Y es apenas una realidad aceptar que todavía la estructura del poder en Colombia está basada en la burocracia. En nuestro país ha sido una tradición que el candidato perdedor se vaya a la oposición pero que su partido ingrese al gobierno. Así ha sido durante toda la historia y, salvo a Barco, por una tesis de alta politología política pero de poca utilidad práctica, a ningún presidente colombiano se le había ocurrido dejar al partido perdedor en el desierto.

De las épocas de la paridad que era obligatoria durante el Frente Nacional, pasamos a la participación equitativa y adecuada, y de allí a gobiernos de coalición. Este tránsito está lleno de eslogans que han permitido que los partidos de oposición colaboren con los gobiernos de turno de la forma menos vergonzante posible. La fórmula más célebre es la de la ‘colaboración personal y técnica, sin responsabilidad política’, que ha permitido todo tipo de alianzas.

Históricamente, el gobierno Pastrana se encuentra en un momento semejante a cuando el gobierno Betancur encontró a Jaime Castro, en ese entonces presidente de la Dirección Liberal, para que aceptara el Ministerio de Gobierno mediante lo cual el liberalismo daba vía libre a las reformas económicas que urgentemente necesitaba el país.

El gobierno Pastrana busca afanosamente a varios liberales que rompan el ‘enconchamiento’ del gobierno y que permitan airear la política a punta de meterle oposición al gabinete.

Por lo pronto, el gran reto del gobierno Pastrana es nombrar un gabinete ‘que se note’. Es que ya ni los columnistas podemos jugar al juego del ‘ministómetro’, mediante el cual comentábamos la labor de los ministros, porque en este gabinete casi no se nota ninguno. Pero eso, claro, no es lo peor. Lo peor no es que no se noten los ministros, sino que no se notan porque no se nota el gobierno.

Entretanto...¿Cuánto tiempo más nos hará esperar José Gregorio Hernández para tumbar la nueva ley del Upac?

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