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Opinión

  • | 2008/05/23 00:00

    La Agenda Pública está bloqueada

    El mundo globalizado avanza a una vertiginosa velocidad que no da espera, ni comprenderá que estemos concentrados única y exclusivamente en los asuntos locales derivados de nuestros problemas de orden público.

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La agenda pública en Colombia lleva varios meses bloqueada por los asuntos derivados de las Farc, las difíciles relaciones con nuestros vecinos y los procesos judiciales por los nexos entre paramilitares y la clase política. Las primeras páginas de los periódicos, los titulares en radio y televisión, los programas de opinión y en general el debate público esta signado por estos temas. No es para menos, no hemos resuelto aún los problemas básicos de cualquier sociedad, que son vivir en paz y que sus instituciones sean democráticas y no impuestas por las armas. Sin embargo, existen otros temas, no menos importantes, que requieren tramite, discusión, reflexión y análisis. La mayoría de esos temas que hoy brillan por su ausencia en la agenda pública, hacen parte de los que podrían catalogarse como del siglo XXI.

Para empezar, no existe duda en torno al crecimiento de nuestra economía, que es evidente, pero aún es precaria la reflexión sobre la manera en que ese crecimiento esta contribuyendo a combatir la desigualdad y la pobreza. El gobierno defiende a capa y espada los efectos positivos que a su juicio, han arrojado los programas de familias en acción, familias guardabosques, banca de oportunidades, etc. Desde la otra orilla se expresan preocupaciones por el esquema asistencial que los caracteriza. En fin, el futuro de las políticas de lucha contra la pobreza en Colombia es aún un debate pendiente.

Resultan evidentes los esfuerzos de ampliación de cobertura en educación y salud. Pero no cabe duda de la precariedad de la calidad de estos servicios. En salud, por ejemplo, el Plan Obligatorio de Salud del Régimen Subsidiado es aún limitado y las políticas de promoción de la salud y prevención de la enfermedad son marginales. En educación, el bilingüismo está lejos de convertirse en una prioridad del sistema educativo, y la política de ciencia y tecnología continúa con el deshonroso título de cenicienta en el Presupuesto General de la Nación y de las entidades territoriales.

En el mundo, cada vez más, se incrementan las preocupaciones sobre el cambio climático y sus consecuencias, en tanto que en nuestro país éste es un tema de algunos expertos e instituciones, no obstante, que sus efectos podrían afectar al conjunto de la población en aspectos tan sensibles como la salud pública.

Nuestra política exterior ha desnudado sus debilidades. Nuestra Cancillería, al designar su cuerpo diplomático, continúa privilegiando a los políticos en desmedro de la profesionalización de la diplomacia. Pero lo más grave, es que la popularidad del Presidente Uribe, ha contribuido a fortalecer en el imaginario colectivo la idea de que las relaciones con los Estados se deben administrar con criterios de parroquia. Éste es también un debate pendiente, sobre todo si aspiramos a que este país se inserte positivamente en el mundo globalizado.

Todos estos temas están siendo objeto de una discusión marginal en la agenda pública por cuenta de la prioridad que representan los escándalos de la parapolítica, la yidispolítica y la farcopolítica. El mundo globalizado avanza a una vertiginosa velocidad que no da espera, ni comprenderá que estemos concentrados única y exclusivamente en los asuntos locales derivados de nuestros problemas de orden público. Es necesario desbloquear la agenda y abordar los temas del siglo XXI.
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