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Opinión

  • | 2013/04/30 00:00

    La amistad es para toda la vida

    Una buena amistad es un tesoro como cualquier otro y es decisión de cada persona querer guardarlo y conservarlo, o descuidarlo y perderlo.

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Es difícil darle un único significado a la palabra amistad porque cada persona tiene un punto de vista distinto debido a que cada uno se relaciona con los demás de manera diferente. Esto depende, entre otras cosas, del medio social en que haya crecido y de la educación que haya recibido. Para algunas personas ser amigo significa estar en un contacto diario y permanente, saber todo del otro, ser siempre el primero en la vida del otro; para otras la amistad no es posible ‘medirla’ por la intensidad y/o frecuencia con que se hablan o se ven: basta con saber que el otro está ahí cuando la persona lo necesite, con tener la certeza de su apoyo y solidaridad incondicionales; para otras personas la amistad es tener la confianza para poder compartir lo que cada una vive con las experiencias cotidianas que le surgen teniendo la certeza de que va a ser comprendida y no juzgada; y habrá otras que lo que esperan encontrar en un amigo es a la persona que los confronte, que les diga cuando se están equivocando y que manifiesten su desacuerdo.

Quizás una verdadera amistad no depende de las distintas formas en que las personas se relacionan, o de la concepción que cada quien tenga de lo que es una amistad; depende más bien de la capacidad que esa amistad les da para lograr que los errores que cometan y las diferencias que surjan entre ellas den origen a la profundización de la mutua comprensión y no a la ruptura que con tanta frecuencia ocurre entre personas que han sido amigas. En este contexto puede distinguirse claramente entre la ‘forma’ en la que se manifiesta una relación cualquiera entre dos personas y el ‘fondo’ que determina si en esa relación hay o no una amistad. La forma varía, en el sentido que puede ocurrir que las personas dejen de hablarse como lo hacían habitualmente, se distancien temporalmente, dejen de compartir la cotidianidad, los detalles, en últimas, que dejen de relacionarse en las formas como lo habían hecho en el pasado. Pero los cambios de forma que se dan en una relación no necesariamente significan que el fondo también haya cambiado: si el respeto, la estima, la admiración, la solidaridad, la confianza y el cariño mutuos se mantienen a pesar del distanciamiento, de no seguir compartiendo sus experiencias cotidianas, etc., la amistad seguirá tan viva como antes.

“Desde que entramos a la universidad, todas nos abrimos mucho. Cada una se empezó a meter con los de su carrera, hubo unas que empezaron a salir mucho de fiesta y otras preferíamos planes más calmados. Todo eso me dio duro pero lo entendí. Lo que no entiendo y me duele demasiado es que entre nosotras no haya lealtad después de haber sido amigas toda la vida”.

Si bien esta joven había logrado entender que las formas de relacionarse con sus amigas tenían que cambiar dados por los caminos diferentes que cada una había cogido, lo que no lograba ni comprender ni aceptar era que los cambios que se habían dado en las circunstancias de vida de cada una, hubieran llevado a que entre ellas estuvieran maltratándose. No podía entender por qué, por ejemplo, habían comenzado a “usar” el conocimiento que tenían las unas sobre las otras para “darse donde más les duele”, revelando sus intimidades y secretos, burlándose de las cosas que sabían que a las otras les dolía, hablando mal las unas de las otras con personas que no las conocían, y generando chismes falsos sobre las demás. Todo esto, por venir de personas que durante tanto tiempo ella había considerado como sus hermanas, estaba siendo una fuente de mucho sufrimiento. “Uno es amigo en las buenas y en las malas, no solamente cuando todo está bien”.

Ser amigo para toda la vida exige mantener vivo el “fondo” de lo que es una amistad verdadera: lealtad, solidaridad, confidencia, respeto, cariño y apoyo incondicionales. Cuando este “fondo” se mantiene, el hecho de que el vínculo ya no sea tan cercano por el alejamiento natural que puede producirse debido al cambio de muchas circunstancias de vida de las personas, no afectará la amistad. Una buena amistad es un tesoro como cualquier otro y es decisión de cada persona querer guardarlo y conservarlo o descuidarlo y perderlo.

*Psicóloga-Psicoterapeuta Estratégica
ximena@breveterapia.com
www.breveterapia.com

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