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Opinión

  • | 1993/01/18 00:00

    LA AYUDA Y EL NEGOCIO

    No hay que olvidar que la guerra civil de Somalia fue, si no inventada, por los menos considerablemente atizada por las dos grandes potencias que había antes para las necesidades de su propia guerra fria.

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SOBRE LA ATROZ TRAGEDIA DE SOMAlia deberíamos saberlo ya prácticamente todo. Lo hemos visto todo: para eso están allá todas las televisiones del planeta transmitiendo imágenes de somalies que mueren y de marines que desembarcan, como en el cine.
Y para eso han ido todos los fotográfos, incluidos los de moda, que acompañaron a la célebre modelo Imán para captar su belleza sobre un background de niños esqueléticos, y los de "vida social", que siguieron a la actriz Sofía Loren en su lacrimosa visita humanitaria de hace 15 días.
Por cada somali agoizante hay por lo menos una cámara. Y también lo hemos oido todo. Las opiniones del Papa, que ante el foro de la FAO acaba de pronunciarse a favor de la "injerencia humanitaria" en los paises en guerra (los obispos españoles, de inmediato, fletaron un avión Hércules cargado de ejemplares del "Nuevo Testamento" para enviarlo, no a Somalia porque los somalies no saben leer pero si a Bosnia Herzegovina, donde la población es musulmana). Hemos oido las opiniones del presidente Bush y de su sucesor el presidente Clinton, partidarios a lo hicieron de enviar tropas. Las opiniones de Danielle Mitterrand, que quería ir ella en persona, debidamente protegida por los "cascos azules" de la ONU. Las opiniones de las organizaciones humanitarias, partidarias de enviar medicinas y alimentos. Y las de Henry Kissinger, que se limita a enviar consejos.
Cada vez que colea en el mundo alguna de las guerras que el mismo inventó, Kissinger vende un artículo a la prensa mundial dando consejos al respecto. Es que, como declaró el mismo cuando se sacó de la manga el conflicto de Chipre entre turcos y griegos, "para solucionar un problema primero hay que crearlo ". Ahí siguen todos los suyos, creados y sin solucionar, el de Angola, el de Camboya, el de Centroamérica, este de Somalia.
Pues no hay que olvidar que la guerra civil de Somalia, como la mayoría de las guerras civiles de Africa, Asia y América Latina, fue, si no inventada, por los menos considerablemente atizada por las dos grandes potencias que había antes para las necesidades de su propia Guerra Fria. Así, en Somalia el recientemente derrocado dictador Siad Barre recibió ayuda militar soviética durante toda la década del 70, pues era prosoviético. Y durante toda la del 80 recibió ayuda militar norteamericana, pues se había vuelto pronorteamericano en vista de que la ayuda militar que le ofrecian los Estados Unidos era mayor que la que le daba la Unión Soviética. Terminada la Guerra Fria, y no recibiendo ya ayuda militar de nadie, cayó Barre. Y las armas que le vendieron sucesivamente la URSS y los Estados Unidos (pues la ayuda militar nunca es gratuita) estan hoy en manos de docenas de tribus y de clanes enfrentados, que las usan para atacar los camiones de alimentos enviados por las organizaciones humanitarias, y para amenazar a los "cascos azules" que protegen las visitas de Imán, la Loren y la Mitterrand; y que las entierran cuando Bush y Clinton desembarcan 30.000 marines.

Pero entre todo lo que hemos visto y oido sobre la tragedia de Somalia, lo único sensato es la opinión de un semianónimo muchacho somali ("Dini", a secas, lo llama el corresponsal de prensa que lo cita en su crónica) que dice así:

-Si quieren ayudar, que les compren las armas a los combatientes. Si se las pagan bien, las entregarán.

Parece lógico. Los somalies no fabrican armas, las que hoy usan se las han comprado todas a Occidente o a la URSS. La hambruna que hoy los extermina les viene de la guerra, y la guerra, empezando por las armas, les fue vendida por Occidente y por la URSS. Si de verdad quisieran ayudarles ahora a que no se sigan muriendo de hambre, los que ayer les vendieron las armas y la guerra deberían proceder a comprarselas.

Pero es absurdo. Así no habría negocio. -
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