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Opinión

  • | 2011/08/13 00:00

    La bola del Bolillo

    Si tuvieron que suturar a la mujer, sería la prueba de que el profe sabe cosechar puntos.

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Confieso, con algo de vergüenza, que hice parte del batallón de periodistas que exigió la renuncia de Bolillo Gómez por haberle pegado a una mujer. La verdad es que me parecía más práctico salir de él que instalar de nuevo las mallas de El Campín para proteger a las señoras que asistan al estadio.

Sin embargo, cuando oí las declaraciones de la senadora conservadora Liliana Rendón según las cuales la culpa era de la mujer por haber provocado al Bolillo, cambié de parecer. Tiene razón la senadora. Pobre el Bolillo. Quién sabe qué minifalda se puso la mujer esa. Sea esta la ocasión de enviarle un saludo solidario al profesor: ánimo, Bolillo, adelante. O, para decirlo con sus palabras, "hacele, pues, marico, con berriondera, huevón".

Es una lástima que haya renunciado, de verdad. Nadie nos representaba mejor que él: se ponía la sudadera para comer rellena; les echaba madrazos a los periodistas; se metía en grescas en las que echaban plomo; se volaba con la moza a beber aguardiente. Bolillo, queridos amigos, era Colombia: era mi gente linda, mi gente bella.

Pero acá gozamos haciendo leña del árbol caído, y más cuando la pobre víctima comanda un grupo de troncos.

Sí, puede ser cierto que mientras otros técnicos persiguen la media inglesa, Bolillo vaya tras la media de aguardiente. Y quizás no estuvo bien que haya agarrado a su acompañante a contragolpes, como nunca lo hizo con equipo alguno.

Pero es un exceso pedirle que se vaya. ¿No ven que él mismo dijo que no se acordaba de nada? ¿No saben, acaso, que la desmemoria lleva a cometer disparates? Miren al pobre García Márquez, por ejemplo, que terminó en un coctel de José Gabriel: lo sentaban en un sofá mientras él creía que estaba en un simposio literario. Supuso todo el tiempo que Botero Zea era el autor de Alí Babá y los 40 ladrones.

Todos criticaban al pobre Bolillo. En un arrebato de genialidad, Sergio Fajardo lo propuso para liderar un programa contra el maltrato a la mujer; pero postular al Bolillo como profesor de conducta es como sugerir que Sergio Fajardo enseñe a montar en bicicleta.

Por fortuna, la valiente senadora Rendón lo defendió con vehemencia, y con ello desató una cascada de solidaridad hacia el Bolillo, que justamente es experto en eso: en cascadas. A la senadora se sumaron Luis Bedoya y René Higuita, a quienes une la vocación de tapar. También dirigentes de la Federación que, haciendo gala de su decencia ancestral, no han aceptado su renuncia. Quizás nunca se la acepten. Les gusta Bolillo porque tras este episodio demostró que sí sabe atacar. Y si tuvieron que suturar a la mujer, estaríamos ante la prueba de que sabe cosechar puntos.

Tienen razón. Es un técnico ganador, que solo persigue a la victoria, en caso de que así se llame la mujer a la que le pegó. No vale la pena sacrificarlo por culpa de nuestros prejuicios moralistas: ¿por qué cuando son las mujeres quienes maltratan a los hombres nadie dice nada? ¿Quién, acaso, defiende a Carlos Romero cuando llega tarde a la casa y lo espera Clara López con la mascarilla untada en la cara y un molinillo en la mano?

Por eso, los invito a que lo rodeemos. Pensemos de una vez en su reemplazo, para que nos duela de una vez. Un amigo sugería a Pambelé; otro, a Oswaldo Ríos, para que fuera técnico extranjero. Yo prefiero a Álvaro Uribe. Jugaría con cuatro autodefensas atrás; pondría a Andrés Uriel a hacer túneles; encargaría a José Obdulio y a Bernardo Moreno de las interceptaciones. Pero al menos lo mantendríamos ocupado.

Solucionado lo accesorio, animemos todos juntos al pobre Profe. Hagámosle entender que la vida no se acaba por golpear a una mujer. Al revés, ese puede ser el primer paso para convertirse en un destacado abogado penalista, por ejemplo, o llegar a la presidencia del Senado.

Ahora que puede terminar engrosando las cifras del desempleo, invito al Bolillo a que recorra el camino de su colega Noemí, pero en sentido contrario: que del fútbol pase a la política. Tiene todo para triunfar en el Congreso.

Lo veo en el Partido Verde, bebiendo con Luchito; o en el uribismo, dándole en la cara a alias la Mechuda, que es la Leonel de allá; o en el Polo, invitando a bailar a 'la Doctora' y luego dejándole un ojo morado. Pero el lugar en el que de verdad puede realizarse es en el Partido Conservador. Bolillo es el clásico godo cavernario, el macho de principios claros y finales violentos que se hace respetar, incluso, de las mujeres que mezquinamente lo provocan.

A mí me encanta el Conservador porque es el partido de la moral colombiana. Tiene grandes exponentes, como el senador Corzo, que está acusado de tener nexos con los paras y a la vez quiere implantar la inmunidad parlamentaria. Y está, cómo no, su presidente, 'Cielito lindo' Salazar, a quien le gusta tanto la moral que tiene dos: desprecia a las mujeres que se ven obligadas a abortar, pero a la vez su familia está en el negocio de los moteles. Ojalá organicen en un motel la próxima cumbre conservadora. Es un buen sitio para tirarse el país. Podrían invitar a Guillermo Valencia Cossio, que es un conocedor, y sellar ante él una alianza entre el Bolillo y la senadora Rendón. Son la pareja perfecta. Ojalá que la senadora no se vaya en minifalda. n
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