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Opinión

  • | 2007/08/25 00:00

    La Caja de Pandora

    La autorización a Chávez no entraña que se levante la restricción internacional de no intervenir en nuestros asuntos internos

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Se ha abusado hasta la saciedad del título de esta columna. Pero pocas veces habrá sido tan preciso como ahora, cuando el Presidente ha autorizado a Hugo Chávez a realizar gestiones para buscar la liberación de los rehenes en manos de las Farc.

Para aplacar a quienes creen que la autorización al jefe de gobierno de un tercer país supone riesgos en materia de legitimación de la guerrilla o, peor, de otorgamiento del

estatuto de beligerancia, baste decir que ni por los antecedentes ni por la finalidad hay peligro. Por los antecedentes, porque Chávez no es el primero en la tarea. Ya antes habían sido autorizados Francia, España y Suiza. A ninguno se le ocurrió que para conseguir la libertad de los secuestrados había que darles beligerancia a las Farc. El otorgamiento de esa calidad está reglado por el derecho internacional y no es discrecional. No es un acto sujeto a la mera voluntad de un gobierno.

Se dirá que Chávez es otra cosa y que aquí el riesgo se incrementa de manera sustantiva. No lo creo, aunque reconozco que el Coronel es harina de otro costal. Los límites jurídicos internacionales también se aplican a él. Aunque su transgresión pudiera tentarle, Chávez está lejos de ser un tonto. No ganará nada con la osadía de darle beligerancia hoy a un grupo que, además de ser calificado como terrorista, es el peor enemigo de un Estado vecino. El Presidente venezolano ha probado que mide bien los costos políticos y diplomáticos de sus acciones y tendrá certeza de que semejante decisión le costaría, como mínimo, la ruptura de las relaciones con Colombia.

También el fin exclusivamente humanitario de la autorización elimina el peligro. ¿Qué presentación tendría dar beligerancia a unos terroristas con el pretexto de solucionar una gravísima infracción del derecho internacional humanitario? ¿Cómo explicar que se premia a los bandidos por uno de sus peores actos de sevicia? Por ahí no va el asunto y el Chávez de hoy, tan lejos de aquel novato que hablara de "neutralidad", lo sabe.

Los riesgos están en otro lado. Aunque no sea su intención, la autorización presidencial le da a Chávez la oportunidad de meter la mano en nuestras cuitas. Si antes se veía a gatas para justificar su interlocución con los grupos guerrilleros, hoy no necesitará siquiera explicarla. Podrá, además, sentirse tentado a opinar de lo divino y lo humano y a hablar y trabajar con grupos y organizaciones políticas colombianas. El desfile de miembros del Polo por Caracas y de funcionarios venezolanos en territorio colombiano, con el pretexto de las gestiones humanitarias, puede ser cosa abierta y cotidiana. En tiempos de elecciones, semejante trasegar no dejaría de ser de muy difícil manejo para nuestro gobierno.

Más allá del prudente pragmatismo con que Uribe ha manejado las relaciones con el país hermano, sería ingenuo negar las diferencias sustantivas en los proyectos de los dos países. Nos unen una historia de fraternidad y cooperación y una frontera. Hoy nos distancia un abismo doctrinal y político. La autorización abre una oportunidad de oro a Chávez y su revolución del "socialismo del siglo XXI". Por eso, para contener los probables desbordamientos y concentrar la gestión en lo estrictamente humanitario, el gobierno colombiano debe fijar los límites y advertir de manera precisa que la autorización no se extiende a la posibilidad de intervenir en nuestros asuntos internos. Dicho de otra manera, la autorización no entraña el levantamiento de la restricción internacional de no intervención en nuestros asuntos internos.

El Presidente se jugó una carta desafiante. Como presumo que ha evaluado los peligros eventuales, deduzco que primaron las consideraciones humanitarias. Uribe hace otro gesto, uno más, para buscar la liberación de los secuestrados. Me temo, sin embargo, que de nuevo la respuesta será negativa. A las Farc, claro, les interesará sacar el mejor provecho de la coyuntura. Quizás incluso suelten a Clara Rojas y a su hijo. Pero no renunciarán a la mayoría de los rehenes. A la tragedia de la privación de su libertad, los secuestrados suman la de ser el único espacio en el cual las Farc tienen juego político. Por eso, cada vez que se aumenta la presión sobre el gobierno colombiano y se introducen actores y gobiernos externos, se prolonga su cautiverio. Es la paradoja. Y la desgracia.
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