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Opinión

  • | 2017/04/21 07:54

    La carta del compañero Timo

    Transcurrida la Semana Santa, dejemos atrás la epístola de San Pablo a los Corintios para ocuparnos de la que dirige Timo a sus guerrilleros

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Tendríamos que alegrarnos por la noticia de que en el mes de agosto nacerá el partido político de las Farc. Difícilmente es lo que sucederá. El rechazo en las urnas al acuerdo sigue presente en el sentimiento ciudadano, tal como lo revelan las encuestas de opinión. Duele decirlo. Que un grupo numeroso de antiguos delincuentes diga adiós a las armas, para buscar por medios pacíficos las transformaciones sociales que anhelan, tendría que ser motivo de alborozo. La carta timochenkeana (Vea la carta de Timochenko acá) poco aporta a la generación de sentimientos positivos.

Leyéndola aprendemos que, en contra del principio de responsabilidad personal que es propio del derecho penal convencional, los guerrilleros afrontarán los procesos que se les sigan ante la JEP de manera colectiva, una estrategia política encaminada a colocarse como víctimas del conflicto, de tal forma que “podamos llevar a la JEP imputaciones contra los que han cometido crímenes contra el pueblo y sus organizaciones”.

Como es evidente que, por definición revolucionaria, los integrantes de las Farc no han usado las armas contra “el pueblo”, sino para combatir a sus opresores, es claro que se defenderán acusando. Las muertes de civiles no combatientes en la toma de una población, por ejemplo, podrían presentarse como “daños colaterales” causados en la defensa de los intereses superiores del pueblo.

Este modo de actuar determina que las víctimas, cuya centralidad se supone que es uno de los pilares de la JEP, podrían no tener en frente suyo a victimarios de carne y hueso sino a una organización que les dirá que, en el fondo, quien les ha causado daño ha sido un Estado opresor. Por eso se da tanta importancia - en lo que logra vislumbrase de la nueva justicia y de la Comisión de la Verdad- a las ceremonias colectivas de expiación.

Para los que tenemos dudas sobre los alcances de la denominada “justicia restaurativa”, cuestión que en las normas hasta ahora expedidas se mantiene en las nebulosas, resulta interesante constatar que las actividades realizadas por los guerrilleros, desde que se inició el proceso de reagrupamiento, es trabajo “restaurativo” que cuenta para la reducción de las penas. Por eso Timo les ordena realizar un registro exhaustivo: “Hasta las ranchadas se debe incluir en ese registro”. ¡Resulta así evidente que incluso la preparación de los alimentos que los guerrilleros han de consumir retribuye o repara a quienes permanecieron secuestrados durante años!

Es comprensible que, en alguna proporción, los antiguos guerrilleros, luego de un proceso de resocialización riguroso, pasen a integrar los cuerpos armados de la República. No tendría que causar rechazo que, digamos, el 5% de un batallón estuviera conformado por antiguos guerrilleros, siempre que sus comandantes fueren formados en nuestras propias academias. Pues bien: Timo nos informa que tendremos seiscientos guerrilleros que fungirán como escoltas, dicho lo cual añade que ya “se definió quien va a asumir por recomendación nuestra la subdirección de la oficina de seguridad que es donde se va a planificar todo lo relacionado con este tema”. Audaz esquema, por decir lo menos.

Una cuestión absolutamente innegociable con las Farc consiste en que las autoridades deben tener plena autonomía para visitar cualquier parte del territorio nacional, principio que adquiere connotaciones aún más severas en relación con el Alto Comisionado de Paz, quien en ejercicio de sus funciones debe visitar con regularidad las zonas y campamentos de concentración de guerrilleros.

Asombra que en la misiva de Timo se diga que “se planteó (al Presidente y sus asesores) que esas visitas de Sergio Jaramillo a las Zonas y puntos, solo y por su cuenta, sin coordinar con nosotros había que pararlas”. Ignoro si el Gobierno aceptó “parar” esas visitas o, si como corresponde, ha rechazado de plano esa posibilidad.

Muchos teníamos entendido que los beneficios de acceso a la justicia transicional son para quienes cesaron sus actividades delictivas a partir de la fecha de entrada en vigor del Acuerdo del Teatro Colón. Según Timo, que es una fuente confiable y seria, no es así: “Igualmente analizamos el tema de los que por una u otra razón se han abierto, a partir de lo orientado por el último Pleno […] Se definió claramente que desertores que no hayan hecho daño se pueden incluir en las listas”. ¿Tendrá algo que decir al respecto el Fiscal General?

Es comprensible que a Timo le preocupe la atención de la salud de sus huestes en los sitios de concentración; como claro es que proveerla de modo oportuno y con calidad es obligación del Estado. No obstante, Timo (me tomo confianzas que él no me ha concedido) va mucho más allá. En materia de salud considera que conviene crear “nuestra propia empresa y sistema”.

Las negativas experiencias que tiene el país con empresas tales como Saludcoop y Cafesalud, que, al fracasar, han generado cuantiosas obligaciones que entre todos pagamos vía el Presupuesto Nacional, nos ponen en guardia sobre las implicaciones de autorizar el funcionamiento de empresas que, aunque persiguen loables objetivos sociales, carecen de capital y experiencia. Pero, además, cabe preguntar si la salud de las Farc será suministrada por fuera de las reglas generales de la Seguridad Social. No se olvide que el acceso igualitario es un principio de validez universal.

En esa misma línea de pensamiento propuesta para la salud, habría que pensar en la creación del “Banco del Posconflicto”, institución más que necesaria para que haya quien otorgue créditos a los que podríamos llamar “posconflictivistas”, sin garantías, intereses, evaluación de riesgos y plazos definidos para reintegrar los recursos. Quién asuma las pérdidas de tal esquema es cuestión marginal que se podría considerar más adelante. La Paz es un bien supremo.

Como se recordará, la entrega de armas es aspecto esencial del proceso de desmovilización. Al respecto la carta de Timo contiene un mensaje inquietante: “Debemos ponerle precio a las armas, municiones, etc., hay que presentar las cuentas bien claras y respaldadas con facturas de lo que nos ha tocado gastar en esta etapa desde los puntos de pre agrupamiento”. ¿Querrá esto decir que tendremos que comprar las armas que nos entreguen?

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