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Opinión

  • | 1999/12/20 00:00

    LA CARTA

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Hay cosas que este gobierno hace bien, y le salen bien; cosas que hace bien y le salen mal; y
cosas que hace mal, y le salen pésimo. Ejemplo de esta última categoría es el episodio
Valenzuela-Rodado, que la semana pasada alcanzó una tensión insostenible.Las pésimas relaciones del
Ministro de Minas y del presidente de Ecopetrol habían dejado hace meses de serun secreto. Ambos
funcionarios, de personalidades muy distintas, se descalificaban mutuamente con frecuencia, y las
decisiones que tomaba el primero eran muchas veces desautorizadas o cuestionadas por el segundo.Muchos
llegaron a preguntarse por qué el gobierno toleraba esta situación. Era obvio que remover a Rodado de
Ecopetrol no era una decisión que podía tomar el Ministro de Minas sino el Presidente de la República. Y
ella no se tomó oportunamente, cuando aparecieron los primeros brotes de enfrentamiento entre los dos
funcionarios, sino cuando ya la situación se había hecho inmanejable y Ecopetrol se encontraba
prácticamente paralizada.Pero Rodado cayó para arriba. Fue nombrado embajador de Colombia ante la
Organización Mundial de Comercio en reemplazo de Néstor Osorio, un funcionario muy estimado en
Colombia. Y aunque muchos no entendimos porqué se premiaba de esta manera a un funcionario que
había causado tantos problemas desde la presidencia de un organismo tan vital para la economía del país
como Ecopetrol, por lo menos parecía que el episodio iba a terminar ayudado por la distancia geográfica
que separa a Bogotá de Ginebra.No fue así, sin embargo. Sorpresivamente la semana pasada entró en
circulación una carta en la que Rodado daba su versión sobre un "memorando de entendimiento" firmado entre
Ecopetrol y la multinacional Enron, para exportar gas colombiano. El propósito de la carta de Rodado era
insinuar que ese memorando se había firmado por orden del Ministro de Minas para favorecer a Corfivalle,
de la que Valenzuela había sido su presidente antes de aceptar el cargo en el Ministerio. La Enron y
Corfivalle no son socias entre sí sino de una tercera compañía, Promigas.Más que contener una acusación
seria contra Valenzuela, la carta de Rodado, calificada por los miembros de la junta de Ecopetrol como
"inexacta y faltante a la verdad por omisión", fue una prueba del odio del ex presidente de Ecopetrol hacia el
Ministro de Minas.Pero además de hacerle daño a este último, la carta de Rodado ha puesto en serios
aprietos al propio gobierno, pues lo que se está discutiendo es si las negociaciones con la Enron han tenido
como motivación el interés general del país. Esa es una duda que el gobierno no se puede permitir el lujo
de dejar flotando en el ambiente.¿Qué tanta lógica puede tener sostener en su cargo a un embajador que
sugiere que el gobierno de Andrés Pastrana tolera en su gabinete a ministros que comprometen las
existencias del gas del país por un interés particular?La carta de Rodado, que no produciría ni una empleada
del servicio doméstico resentida con su ex patrona que la despidió injustamente, es innoble y está escrita
con toda la urticaria y el veneno necesarios para causar, como evidentemente causó, una polémica
nacional y posiblemente un debate en el Congreso. Pero también hay que aceptar que el episodio llegó
hasta estos niveles condimentado por la difícil manera de ser del Ministro de Minas, que se ha hecho famoso
por su antipatía, arrogancia y prepotencia, que con frecuencia opacan su extraordinaria brillantez intelectual.
Es una lástima, porque Luis Carlos Valenzuela es uno de los ministros estrella del gabinete.Mientras el
gobierno resuelve qué hacer con su embajador Rodado, que tan poco elegantemente ha agradecido su
nombramiento, hay que trabajar desesperadamente por sacar a Ecopetrol de la parálisis en la que la dejó
su ex presidente. Colombia está ad portas de tener que importar petróleo, pues sobre sus dos futuras
'cusianas' que aguardan explotación _Samoré y Niscota_ no se tomó absolutamente ninguna decisión
bajo la administración de Rodado.Afortunadamente el nuevo presidente de la entidad, Alberto Calderón, es un
teso e inteligente funcionario que ya ha comenzado a cambiar las cosas. Es la única cosa buena que deja
un episodio tan malo.
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