Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

La chatarrización no es un juego

"El decreto del Ministerio de Transporte que aumentaría la vida útil a los buses con más de 20 años de servicio sería una irresponsabilidad que sólo beneficiará al poderoso grupo de los cacaos transportadores", dice el experto en transporte Fernando Rojas P.

La chatarrización no es un juego

A pesar de las tentativas por parte de la Secretaria de Tránsito y Transporte (STT) de reorganizar el transporte público en Bogotá, la situación se agrava día a día. Además de no contar con la capacidad técnica, administrativa y gerencial para adelantar tal proyecto, la STT se muestra débil ante el poderoso lobby de los transportadores y enfrenta los problemas de una regulación débil tanto nacional como distrital en lo que al transporte se refiere. Ahora para agravar la situación, el Ministerio de Transporte se apresta a firmar un decreto que no sólo afectará a Bogotá sino a todas las ciudades del país que apostaron por el transporte masivo tipo TransMilenio, TM.

Como se ha conocido a través de los medios, el decreto del Ministerio aumentaría la vida útil a los buses con más de 20 años de servicio. Además serían legalizados todos los buses de la ciudad. Con esto, una parte de los bogotanos estaría condenada a movilizarse en buses viejos que no garantizan ninguna seguridad física ni ambiental para la sociedad. Las chimeneas ambulantes continuarán siendo parte del paisaje capitalino. Para tener una idea del contrasentido, los buses de TM tienen una vida útil que no puede superar los 10 años y en Brasil, un país con una larga tradición en temas de transporte, la vida útil de los buses oscila entre los 4,5 y los 10 años.

Por otra parte, con la legalización de más de 7.000 vehículos, la sobreoferta de buses será incontrolable. Los trancones como los de las carreras 4, 7, 9, 10 o 13, serán trasladados para todas las vías de la ciudad por las que no circule TM. Y, como el transporte es un negocio, para asegurar la rentabilidad del sector privado, la STT deberá aumentar las tarifas de buses y busetas a cambio de un mal servicio, agravando el problema social.

Está claro que las autoridades distritales no han asumido el tema con la altura que la chatarrización se merece. No hay duda que grandes intereses se mueven tras bastidores. No se puede olvidar que el lobby transportador demandó todos los decretos para la reorganización del sector. Por eso, el Ministerio de Transporte haría bien en sentar las bases de una radical democratización y modernización del transporte urbano en Colombia.

Democratización, si se aprovecha esta oportunidad para que la integración física y tarifaria entre el transporte masivo y el colectivo sea una prioridad nacional. Si el Ministerio establece directrices para que los pequeños transportadores sean incorporados a los grandes proyectos de transporte masivo.

Modernización, si el Ministerio establece que el servicio de transporte sea prestado por empresas con capital y buses propios. Así mismo, que el servicio responda a estándares de calidad establecidos por el sector público.   

La chatarrización de buses no es un juego. Es una alternativa para la organización del transporte en las ciudades. Buscar alternativas reales de solución es un desafío. Medidas como el decreto del Ministerio de Transporte, de firmarse como está siendo formulado, serán un pañito de agua tibia para curar una grave enfermedad.  Una irresponsabilidad que beneficiará al poderoso grupo de presión de los cacaos transportadores.

Los problemas por la reorganización del transporte no son exclusivos de Bogotá. Por el contrario, ese decreto generará crisis en el mediano y largo plazo en todas las ciudades que están desarrollando sistemas parecidos a TransMilenio.

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