Martes, 6 de diciembre de 2016

| 1998/06/15 00:00

LA CLARA MANO OSCURA

LA CLARA MANO OSCURA

Asesinan al general Fernando Landazábal. Otro asesinato simbólico que esta vez golpea a la derecha, como en el caso de Alvaro Gómez. Como en el caso de Gómez, o en aquellos en que las víctimas simbolizaban a la izquierda (los asesinatos de defensores de los derechos humanos no son simbólicos, sino prácticos: se trata simplemente de quitarlos de en medio), no se sabe quiénes son los asesinos. El presidente Ernesto Samper los identifica sin embargo con su habitual sagacidad: "Los violentos". Como aquel bobo del pueblo que decía saber quién se había robado las campanas de la iglesia, y finalmente, tras muchos ruegos, accedió a rebelar su identidad: "Los ladrones". Así no va a ser fácil que aparezcan. El ministro de Defensa Gilberto Echeverri supera a su presidente, y se supera a sí mismo, y declara con el énfasis que da la certidumbre: "En este caso hay mano oscura claramente". Qué ojo. Y todos están de acuerdo, más allá de la identidad específica de la mano oscura _"mano maestra", la llama por su parte el general Manuel José Bonett, comandante de las Fuerzas Militares_, en señalar cuál es su objetivo. "Provocar el caos" dice el presidente. "Desestabilizar a Colombia", dice el ministro. "Desestabilizar a Colombia", corrobora el general. Yo me atrevo a ir más lejos, hacia adelante y hacia atrás. Me atrevo a sugerir para qué quiere una mano oscura "desestabilizar a Colombia"; y a deducir de ahí de quién es la mano. Es, en mi opinión, la larga mano de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos. La CIA. Me dirán que es paranoia izquierdista. Pero la paranoia izquierdista con respecto a las actividades de la CIA ha estado siempre plenamente justificada, como lo han revelado una y otra vez las investigaciones del propio Congreso de Estados Unidos. De la misma manera, también estuvo plenamente justificada la paranoia derechista con respecto a las actividades del KGB soviético, cuando existía la Unión Soviética; y así lo han confirmado después sus propios archivos una vez publicados. Hace 20 años, los descubrimientos de una comisión investigadora del Senado norteamericano sobre las actividades desestabilizadoras de la CIA en países extranjeros (Chile, Cuba, Italia, Turquía, Grecia, media Africa: aliados o enemigos) fueron tan aterradores que el entonces presidente Jimmy Carter quiso desmontar la Agencia. No lo consiguió, pero al menos le prohibió por decreto ejecutivo que cometiera asesinatos en el extranjero. La prohibición fue levantada después por Reagan, y luego Bush, que había sido director de la CIA, le devolvió aún más amplios y más secretos poderes, inmunidades e impunidades. La CIA tiene, pues, la capacidad y la experiencia para desestabilizar países. Y en el actual mundo unipolar, desaparecida la URSS y reducida Cuba a la mera lucha por la supervivencia, la CIA es la única que puede hacerlo. (Al menos en América Latina: en Africa siguen pesando los servicios secretos franceses, en Europa Oriental los alemanes y los rusos, en Asia los chinos, los iraníes, hasta los pakistaníes. Y también la CIA, claro).Y tiene además el interés. Porque la desestabilización no es un fin en sí: es solamente un modo de preparar el terreno para un cambio de régimen, tanto en el Chile de Allende, desestabilizado hace 25 años por la CIA para que lo derrocara Pinochet, como en el Afganistán de los ex comunistas, desestabilizado hace cinco años por la CIA para que lo derrocaran los talibaneses (que se han salido de madre: pero esa es otra historia). En el caso colombiano, la CIA está interesada en preparar un cambio de régimen porque es evidente que el actual ya no sirve para garantizar los intereses norteamericanos, por muy arrodillado que esté ante ellos. No sirve, porque no controla el país. El Estado colombiano, por débil, por corrupto, y también por leguleyo y por democrático (en el sentido exclusivamente electoral de la palabra), no puede ya dominar el caos interno. La prensa norteamericana lleva meses diciéndolo, como consecuencia de calculadas filtraciones de información confidencial. El Ejército colombiano es incapaz de contener a la guerrilla. El aparato policial y judicial es incapaz de controlar la producción y el tráfico de drogas. El desorden está a punto de rebasar las fronteras hacia Venezuela, Panamá y el Ecuador. En resumen: el régimen ya no funciona. Hay que desestabilizar al país, para cambiarlo. De todo lo dicho no tengo pruebas, claro está. Pero me suena, me suena. Y estoy seguro de que podremos comprobarlo dentro de algunos años, cuando el Congreso de Estados Unidos nombre una nueva comisión para investigar las hazañas de su Agencia.

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