Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2005/02/20 00:00

    La clonación de Édgar A. Senior

    Columna de Jorge Giraldo sobre la enfermedad del patriotismo.

COMPARTIR

Hace 35 años Martín Emilio Cochise Rodríguez era la más grande gloria colombiana. Se había convertido en bicampeón mundial de ciclismo y se preparaba para darnos la primera medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Munich. Hace 35 años Édgar A. Senior era un anónimo abogado barranquillero que estaba convencido de que Cochise se burlaba de las leyes internacionales del Comité Olímpico y decidió denunciarlo como profesional para evitar que compitiera en el torneo de 1972. Senior ganó su pleito en tiempos en que el amateurismo ya era una hipocresía, Cochise lloró y Colombia aplazó su medalla por casi 30 años. Hoy todos los colombianos saben quién es Cochise, la mayoría han castigado la desvergüenza de Senior con el olvido y sólo unos pocos nos martirizamos despreciándolo.

Esta anécdota revela bien el espíritu nacional.

En Colombia el patriotismo escasea -la mayoría de las veces por fortuna- tanto como en Canadá o Uruguay, hasta el punto que todos nuestros vecinos se han lucrado con nuestro territorio, tanto el enorme Brasil como la pequeña Panamá, y hasta la pobre Nicaragua quiere a San Andrés. Los colombianos hemos mantenido una cordura impecable en las relaciones internacionales y la hemos compensado dedicándonos a matarnos entre nosotros mismos. Con todo, la escasez de patriotismo nos ha ahorrado dictaduras, demagogos, la enfermedad del nacionalismo y ese histrionismo patético que caracteriza las banderías.

La mayoría colombiana sólo se inflama con ardor pasajero con los triunfos de sus figuras más humildes, preferiblemente de las artes y el deporte. Los endiosamos por días o semanas y durante siglos los devoramos: que tiemblen Juanes, Rodallega y la Sandino que pronto haremos leña de ellos, como hicimos con Barba Jacob, Pambelé o Usuriaga. Esta afición para derrumbar ídolos no llega a la política pues los ex presidentes mandan toda la vida, los ex ministros aconsejan toda la vida y los ex candidatos salen en la prensa todos los días. Nos equivocamos de víctimas. Especialmente porque entre los políticos se reencarna mejor el fantasma de Édgar A. Senior.

Los acontecimientos de estos comienzos de año retratan bien esta situación. Rudolph Hommes ataca a los gremios por regatear y defender intereses colombianos en la negociación del Tratado de Libre Comercio. En medio de la crisis con Venezuela, Gustavo Petro oficia de embajador personal del chavismo ante el gobierno de Colombia. Rafael Pardo Rueda arma una pequeña conjura pocas horas antes de la reunión con la Mesa de Donantes europea con la esperanza inconfesable de sabotear un apoyo financiero al país. Y esto, sin contar las centenas de abogados que quieren enriquecerse a costa del erario nacional en tribunales de arbitramento y cortes internacionales; algún productor excéntrico que declaró su amor al demagogo venezolano con la esperanza de vender una bolsa de leche más; aquel politiquero que desbarata propósitos nacionales por ganarse unos cuantos votos.

Digo que el patriotismo es una enfermedad. Sólo y en escasas ocasiones es una virtud en hombros de funcionarios probos, y puede ser un remedio en casos de guerra y eso, para evitar que se maten entre sí propios coterráneos. Digo que la condición apátrida suele ser saludable en muchos casos: el académico, el humanista, el periodista, en situaciones normales, deben razonar como si no tuvieran patria. En caso extremo, el alma les dirá que sí la tienen y les calentará un poco el frío raciocinio. Pero digo también que el antipatriotismo es una vergüenza, es falta de decoro.

La comprensión por los propios, la compasión con quienes comparten nuestra historia y nuestra cultura, la última reserva para acoger al criminal que mató con nuestra bandera como enseña, son bastante parecidas a la prudencia que guardamos con nuestra familia. A nadie se le exige que convierta a su madre en una santa y a todos se les perdona que oculten sus defectos, así la sociedad los castigue con la cárcel. Está en los códigos penales desde hace siglos.

Colombia está llena de Cochises: héroes cotidianos que todos los días construyen país sobreviviendo, levantando empresas, salvando vidas, deleitando al mundo o haciendo obras memorables. Pero el alma torcida de Édgar A. Senior ha sido clonada y sus réplicas chocantes andan por allí posando de pro hombres. Reservémosles una dosis de olvido.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.