Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/08/07 00:00

La Colombia probable

Si la Colombia probable solamente garantizara disfrutar del sol en un parque o rezar en familia sin que nadie falte, santo y bueno

La Colombia probable

No sabemos quE va a pasar en este país. De ahí que algunas personas se hayan ido, amenazadas o no. De ahí la recesión y como consecuencia el desempleo. De ahí también la quiebra de la industria turística, salvo la de cierto turismo interno, de cercanías. ¿Cuál será la Colombia probable, ya que estamos muy lejos de la Colombia posible, que alguna vez imaginara el arquitecto Mendoza Morales?

Probablemente habrá paz. Paz relativa, nunca completa, porque la índole nacional no da para tanto. Si con unos grupos se llega a una tregua, con otros seguirá la beligerancia y en cuanto a la delincuencia común, nadie se propone reducirla ni hay alcaldes para ello. Sólo para parques y alamedas.

No veo al país envuelto en una guerra abierta, de bombardeos y trincheras en las grandes ciudades. La guerrilla no se atreverá a tanto, pues temerá ser barrida por el Plan Colombia, “ampliado según las necesidades”. Por su parte, las fuerzas de la República no darán la batalla frontal, porque los mandatarios democráticos eludirán, en cuanto pueda cada cual, ser responsables de una conflagración.

Hay que esperar, pues, y es probable que venga la conciliación, el avenimiento entre las fuerzas de la guerra. Unos exigirán una nueva carta política y otros otra y entonces se verá difícil llegar a términos de paz entre todos, con un pacto hecho constitución.

¿Qué va a ser de las personas? Los líderes de la guerrilla serán, por supuesto, llamados a altas posiciones gubernamentales, ministerios, gobernaciones. Colombia no les dará la Presidencia gratuitamente, a menos que la ganen por elecciones. Grave inconveniente internacional será el cuestionamiento de quienes sean sindicados por delitos de lesa humanidad. Está visto que no hace carrera alguna, ni tiene la menor seriedad, lo de llamar retenciones a los secuestros e impuesto de guerra a la exacción que se hace a mano armada y salteando caminos

No es, pues, a mi modo de sentir, la Colombia probable una Colombia deseable, pero si al menos se garantiza la paz, el poder disfrutar del sol en un parque de pueblo, rezar el rosario en familia, sin que falte ninguno, o pescar de noche, a la manera de Echandía, santo y bueno y que los responsables de la convulsionada historia de nuestros días se las arreglen con sus sonrojos internacionales, que, entre otras cosas, son también los del país.

Para llegar a ese país que imagino hay que pasar por el interregno de la peligrosidad en que actualmente se vive. Cómo saber si se llegará vivo y libre a ese estadio probable (la ‘Chiva’ Cortés no está libre y no se sabe si está vivo. El comandante ‘Reyes’ dice de este civil, su prisionero, que tal vez deba algún impuesto o “algotra” cosa).

A la fecha, hay como nunca dos gobiernos, el de Pastrana, que negocia, se abraza y sonríe en el Caguán —aunque ahora sonríe menos, con el comisionado Camilo Gómez— y el gobierno militar, cuyos comandantes de fuerza desafían con términos un tanto ingenuos a la subversión, con la cual, sin embargo, se está haciendo la paz. Como todos los ministros civiles de la Defensa, el actual ha tomado el tono militar, que no es curiosamente el del comandante en jefe de la Fuerzas Militares, quiero decir el del Presidente de la República, en gran medida rey de burlas de todos, de los subversivos y de sus propios subordinados.

Hay también y por ahora, mientras se llega a la Colombia en que todo se habrá negociado, incluidos los delitos atroces, una última acción desesperada en contra de la práctica criminal del secuestro. Es la propuesta de ley que incluye la congelación de bienes del secuestrado y de su familia, con el fin de evitar el pago del rescate.

De modo pues, que a la inmensa pena, inconcebible e inaceptable, de perder a un ser querido, a la incertidumbre sobre su suerte y su vida, la familia del plagiado sumará la pérdida de disponibilidad de sus bienes, colmando sus penalidades.

La historia, que mira los hechos con desnudez vergonzosa, sin el ropaje de la circunstancia especial, del sinnúmero de consideraciones que se manejan al momento de ocurrir los hechos, mucho me temo que castigará al país de nuestro tiempo por condescendiente con el más espeluznante atropello a los derechos humanos, como es el delito de secuestro.

La verdad, no se entiende cómo puedan abrazarse, sin que parezca Munich, los que combaten el secuestro y los que lo practican, mientras se negocia la paz dándoles la espalda, literalmente, a los encaletados.

La Colombia probable tal vez consiga ciertos fines de justicia social, pero habrá cometido, en los medios empleados para ello, las mayores injusticias humanas.

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